Solo doscientos agentes para controlar la Costa da Morte


Como profesional de las fuerzas de seguridad destinado en la Costa da Morte, hay días que siento rabia, impotencia e indefensión. Rabia, al escuchar que, una vez más, «los amigos de lo ajeno han hecho su trabajo».

Fastidio porque arruinan a otros ciudadanos que pagan sus impuestos, que luchan por salvar sus negocios, que se levantan temprano para ir a trabajar o se acuestan después de jornadas de 10 o 12 horas al pie del cañón.

Impotencia, al ver el sufrimiento reflejado en los rostros de vecinos y amigos a los que acaban de robar. Ver in situ los destrozos causados en las propiedades después de tantos años de trabajo, restando horas a su vida personal (pareja, hijos...) por lograr un objetivo, que se las acaban arrebatando de las manos.

Indefensión, porque al final los que nos sentimos policías o guardias civiles -que no es lo mismo que trabajemos en la Policía Local o la Guardia Civil- somos los que tenemos que dar la cara ante los perjudicados por los hechos delictivos y tenemos que dar las explicaciones por no haber llegado antes a la llamada de auxilio, solo por el simple hecho de no tener patrulla más próxima o por el simple hecho de estar a 30 o 50 kilómetros atendiendo a otra incidencia similar o un accidente.

Cifras

Podríamos hablar de la victimización objetiva o la inseguridad subjetiva. Del importante sentimiento de inseguridad, bastante por encima de los niveles reales de delincuencia. De la creencia de que la Policía Local o la Guardia Civil son poco eficaces, o que se confía demasiado poco en el actual sistema judicial, de los bajos niveles de denuncias, aunque se demande más seguridad.

Pero lo realmente preocupante es que solo hay 200 policías y guardias civiles para hacer frente a todo tipo de incidencias en una comarca, como la Costa da Morte, que suma 1.713,5 kilómetros cuadrados y poco más de 112.000 habitantes repartidos en 17 municipios. Algo falla si entre todos no ponemos más de nuestra parte. No hay suficientes medios humanos y técnicos. No se debería escudarse uno en las tan aventuradas estadísticas que a los políticos tanto les gusta: menos denuncias, menos casos judiciales, menos población y, por lo tanto, podemos mantener o disminuir los medios existentes y los restantes los destinamos a otras zonas de Galicia o España (helicóptero de Salvamento Marítimo, embarcaciones de vigilancia, unidades de apoyo y refuerzo...).

Una mejor calidad de vida implica necesariamente una mayor seguridad y una mayor prevención. La sensación de inseguridad es un problema en auge, que acarrea la intolerancia y refuerza las opiniones de aquellas personas que piden más represión, provocando la delincuencia, el miedo, la inseguridad. La Costa a Morte precisa de más patrullas y más control. La solución no pasa precisamente por desmantelar las unidades ya existentes, incluidas las de refuerzo. Se debe mejorar las unidades existentes y las personas cambiarán su calidad de vida mejorando en civismo, en tolerancia, en respecto y solidaridad.

Por José Manuel Blanco Lema Agente de Policía en Muxía

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