Una vida truncada en la carretera

Antonio Longueira Vidal
Toni Longueira CRÓNICA CIUDADANA

CARBALLO

El fallecimiento de una persona por culpa de un accidente de tráfico siempre provoca dolor y consternación. Por lo inesperado de la tragedia, por la reflexión que se hace sobre la delgada y fina línea que separa la vida de la muerte. Porque uno se pone en la piel de la familia que ha perdido a un ser querido o porque uno ya ha sufrido en sus propias carnes este tipo de desgracias. Pero cuando el que pierde la vida en una carretera es un joven, el mazazo emocional es mayor. El ser humano asume con dolor, pero con cierta naturalidad, la muerte de unos padres, unos abuelos... Porque es ley de vida, pero que una fatalidad como un accidente de tráfico trunque la vida de un hijo, un sobrino o un nieto... Para eso uno no está preparado. Mi abuela paterna, Carmen Vidal Rodríguez, siempre me decía que si a ella le pasara algo así, moriría en vida. El capitán de la Guardia Civil de Tráfico en A Coruña y jefe del subsector en la provincia, Pablo Lorenzo Formigo, hizo la siguiente reflexión en una entrevista concedida a La Voz: «En la academia no te enseñan como decirle a unos padres que su hijo acaba de morir en un accidente. No todos estamos psicológicamente preparados para dar ese tipo de noticias. Los hay, incluso, que no quieren saber nada del tema y dejan que sean otros compañeros los que comuniquen la noticia a los allegados. Es algo tremendo, que a veces deja secuelas».

La carretera truncó ayer la vida de una joven de Leiloio. De 23 años y hermosos ojos azules, estudiaba en Ponferrada y trabajaba los fines de semana en una cervecería de Pazos. Su último mensaje en su cuenta de Facebook data del 24 de abril: «Smile more, worry less». Sonríe más y preocúpate menos. Un guardarraíl segó su vida para siempre.

Por desgracia, las carreteras de la Costa da Morte se han cobrado muchas vidas en los últimos años. Solo en el 2016 fueron ocho las víctimas mortales, de las que cuatro tenían entre 18 y 20 años. Adrián Mira Varela tenía 19 años cuando sufrió un brutal accidente en la AC-419, en Tella. Paula Sueiro (20 años), la concursante de Luar, murió en la AC-552, en una curva cerca de Agualada. El turismo en el que viajaba se salió por el margen izquierdo, empotrándose contra el único poste de hormigón existente a lo largo de 500 metros. Otros dos jóvenes también fallecieron el pasado año: Fernando Pombo Suárez, de 19 años, y Luis Cerviño Porteiro, de 18. Ambos perdieron la vida a escasos kilómetros uno del otro, en la DP-1914. El primero, al precipitarse su coche al río Rosende. El segundo, en una salida de vía en un turismo en el que viajaba en el asiento posterior. Sus otros cuatro acompañantes resultaron ilesos. Lo peor es que esta sangría, lejos de reducirse, aumenta.