¡Socorro!

Alicia Fernández LA CRIBA

CARBALLO

20 jul 2016 . Actualizado a las 22:48 h.

Aún no he salido del asombro que me produce la kafkiana situación creada en los arenales gallegos ante la imposibilidad de cubrir las plazas de socorristas, sobre todo en un arranque veraniego con altas temperaturas, que se mantiene durante ya muchos días y que ha llenado nuestras playas. Fruto de ese abarrote llevamos también la peor cifra de muertes por ahogamiento, una tragedia por la que habría que exigir las máximas responsabilidades a las autoridades (in)competentes en la materia.

Para los anales de la desvergüenza la rueda de prensa del Presidente de la Xunta en la cual se limitó a echar balones fuera. La culpa es de los concellos y de los ciudadanos, ha venido a decir. ¡Ah! Y sus cursos son gratuitos. Con eso se ha quedado tan a gustito obviando los 36 muertos que llevamos este año, que es mucho obviar señor Feijoo. Los alcaldes, esclavos de sus necesidades, callan y otorgan.

Apetitoso pastel

En este asunto alguien ha metido la pata. O alguien estaba preparando un apetitoso pastel para un «amigo» y se le ha atragantado. Han puesto el listón de la formación de los socorristas tan alto que no hay gente suficiente para cubrir las plazas. Si haces el curso por la vía privada son 1.500 euros de nada (un gran hándicap porque esta actividad la ejercen jóvenes de forma temporal). Lo normal hubiera sido realizar una transición gradual, pero lo normal en la gestión pública no existe.

Enfermero

Un socorrista debe tener una buena preparación física, dominar las técnicas de rescate y unos conocimientos de reanimación y de primeros auxilios. Pero no es un enfermero ni un médico. Para eso hay otros profesionales y otras instituciones.