Suave

Emilio Sanmamed
Emilio Sanmamed LIJA Y TERCIOPELO

CARBALLO

Hay discos que marcan más que un amor de verano. En mi caso, el ¿Hay alguien ahí? de Los Suaves me pintó el alma de una preciosa tristeza. Era un adolescente y comenzaba a estar harto de las canciones de los 40 Principales donde los artistas solo sabían hablar de amor, era lo único que hacían, enamorarse, no tenían más problemas, todo el día amor, amor, amor. Y a mí, que era feo como una litrona, en el amor me iba de culo y el simplista mensaje de Ricky Martin no me servía.

Un día, un amigo me dejó una cinta con el ¿Hay alguien ahí? y flipé al escuchar lo que decía. Básicamente para Yosi, el cantante, hay tres tipos de personas: los que están jodidos, los que están muy jodidos y Yosi, que es como estar muy jodido al cuadrado. Fue un shock, todas las canciones de la radio omitían la amargura y la angustia existencial, pero Yosi no. Yosi se desnudaba de verdad, se despojaba de todo artificio. También soy feo, también estoy triste y soy un fracasado, te decía, y ese mensaje sí me calaba, porque me sentía igual.

Había algo hipnótico en ese fracaso vital, algo poético, sabiduría y una enorme dignidad. De repente, ya no estaba tan mal, empecé a sentirme orgulloso de no ser nadie, abracé el nihilismo a jornada completa y desaté una tragedia por noche.

Esta semana salen las entradas para el último concierto de Los Suaves, el grupo que me enseñó a estar triste. Cuando Yosi cante «cansado ya de perder, pensando en lo que la vida pudo haber sido y no fue», le aplaudiré con los cien brazos de un Hecatónquiro. Yo no podría ser feliz de no haber aprendido a estar triste.