«Hay que trabajar para cuando ya no estemos»

Verónica Couto

CARBALLO

«Lo fundamental es aprender un modelo de desarrollo que beneficie un mejor reparto de riqueza»

29 feb 2016 . Actualizado a las 05:00 h.

El equilibrio entre el desarrollo local y la conservación del medio ambiente es un tema que ha tratado Jaime Izquierdo Vallina, geólogo e investigador asturiano, en muchas de sus publicaciones. En este tiempo de trayectoria ha recibido numerosos premios y dirige conferencias y cursos por todo el país. Además, ha sido asesor de la Administración pública en materia medioambiental.

-Ha escrito usted varios libros relacionados con el medio ambiente, donde sobre todo hace especial hincapié en el equilibrio entre el desarrollo local y la conservación. ¿Cómo se puede conseguir este equilibrio? ¿Es posible?

-Es fundamental. En el año 91 ganamos el premio europeo a la conservación de la naturaleza, que patrocinaba la Fundación Británica de la conservación y financiaba Ford Europa, con un planteamiento que hablaba precisamente de que solo se conserva aquello que se desarrolla bien. Nosotros planteábamos que el buen desarrollo, cuando es buen desarrollo de verdad, lo que genera es conservación. Eso lo habíamos aprendido de algunas iniciativas, algunas formas de ver el mundo de comunidades campesinas antes de que llegase el desarrollo industrial. Los mecanismos de supervivencia hacían que uno supiera muy bien la forma de tratar al territorio para dejarlo en disposición de que al año siguiente diera otra cosecha. Es lo que ahora llamamos desarrollo sostenible, y antes estaba muy claro en las comunidades campesinas. Eso es lo que habría que desarrollar en la modernidad.

-¿Cree usted que en la historia reciente ha primado más el desarrollo que la conservación?

-Lo que ha primado es el mal desarrollo, el desarrollo se caracteriza por romper los ciclos. Toda la teoría industrial de la producción, refiriéndome a la forma de proceder, se basa en coger un recurso, transformarlo, venderlo y generar un residuo, y luego ya veremos qué hacemos con ese residuo. La idea es generar desarrollo dentro de dos conceptos, que los griegos manejaban muy bien, concepto de principio, en este caso si hablamos del campo, principios agro-ecológicos; y límites, por encima de esos límites no se genera desarrollo, pero por debajo tampoco. Uno de los grandes problemas que hay en zonas rurales es el abandono, la ausencia de desarrollo.

-¿Es posible, por lo tanto, un desarrollo local respetuoso con el medio ambiente?

-Sí, es posible y es la única solución. No ya en términos locales o regionales, sino en términos de civilización: es abordar otro modelo de desarrollo que nos haga más compatibles con el planeta. El gran reto del ser humano es convertirse en una especie ecológica, que sepa vivir en un contexto determinado por una naturaleza, por la biosfera, en la escala global y en las escalas locales.

-¿Cuáles serían, según su punto de vista, las principales amenazas a las que nos enfrentamos en cuestión de medio ambiente?

-Yo creo que el primero y fundamental, y que nos puede complicar mucho la existencia, es el cambio climático. El cambio climático es el gran drama del ser humano, y no solo no lo mitigamos, sino que cada vez aumentamos más la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera. Eso ha propiciado un cambio en las condiciones climáticas a nivel mundial.

-¿Considera que somos conscientes de la importancia que tienen nuestras acciones?

-Yo creo que no somos conscientes de que caminamos hacia una situación bastante comprometida para la sociedad. Somos solo conscientes a niveles estéticos locales. A mí me preocupa mucho cuando vemos anuncios que, por ejemplo, promueven el reciclaje de botellas de plástico. Hay que ir más allá, tenemos que centrarnos en la no producción de botellas de plástico. Igual que depender menos del petróleo, pero claro, toda la economía depende de ello. El problema es de una dimensión extraordinaria, y eso no está en una agenda política, estas son muy cortoplacistas.