Nada como la primera vez

Varios jóvenes explican la inolvidable sensación de estrenar el derecho al voto

Paula, ejerciendo por vez primera su derecho al voto
Paula, ejerciendo por vez primera su derecho al voto

a coruña / la voz

Si fuera por ellos, Mariano Rajoy ya podía ir desalojando la Moncloa. Los jóvenes debutantes en las urnas gallegas, al menos los que tuvieron a bien cruzarse con este cronista y expresar su opinión, no confían en un nuevo Gobierno del PP. Más bien al contrario. Los 18 años generan otro tipo de ilusiones políticas. Pero también marcan el tiempo de vivir una experiencia que muchos se han tomado sumamente en serio: «Me he sentido importante. Es que se trata de la única vía para participar en la política. Así que estoy orgulloso», decía ayer Darío García, un joven estudiante de Bioquímica en la Autónoma de Madrid que votó en Ferrol.

«Tenía muchas ganas de hacerlo -contaba en un colegio de Oleiros Paula, una estudiante de primero de Psicología-. La verdad es que te sientes poderosa. A los jóvenes muchas veces nos tratan como un estorbo, creen que todo es botellón. Por eso me ha gustado venir a votar».

Ferrán, un estudiante de Nutrición en Lugo, mostraba un estusiasmo menor: «No tenía muchas ganas. Tal y como están las cosas, no resulta muy emocionante votar a nadie». No era una opinión extravagante. Muchos de los jóvenes consultados para este reportaje declararon votar al menos malo o, cuando menos, para evitar que siguiera el mismo. Como se ve, se pueden tener 18 años y estar ya ampliamente decepcionado.

Victoria, votó también en Oleiros: «Quería votar a un partido ecologista, pero mi hermana me convenció de que era mejor que diera mi voto a alguno de los cuatro partidos que tienen posibilidades de ganar. De lo que sí estoy segura es de quien no quiero que salga». A Victoria, que estudia Bachillerato, le preocupa encontrar un trabajo. Lo he intentado, pero siempre piden experiencia, que no puedo conseguir si no me dan trabajo». Un clásico.

Alba también está en Bachillerato y votó ayer en un colegio de A Coruña. Se lió un poco con la papeleta del Senado, como muchos de los debutantes de ayer, que ni conocían a los candidatos a la Cámara alta ni esperaban tener que usar un bolígrafo: «Tenía ganas de votar. La verdad es que pienso que poco va a cambiar, pero también creo que todos los votos ayudan a mejorar. Quizás no a ganar, pero sí a mejorar».

Decisiones recientes

La mayor parte de estos chavales tomaron su decisión en las últimas semanas. La mayoría vieron los debates, incluso algunos leyeron los periódicos, pero para ellos, la fuente básica de información han sido Internet y, especialmente, las redes sociales: «Vi los dos debates y me ayudaron a decidirme. Pero sobre todo, de lo que me di cuenta fue de las ideologías de las cadenas de televisión», confesaba Paula, la estudiante de Psicología, que no tuvo ningún problema para admitir que su voto había ido al PSOE. La mayoría de los encuestados le dieron su confianza a la coalición En Marea: «Pablo Iglesias ha sido el único que ha sabido hablar bien», justificaba Victoria Roque. Ferrán se decidió por los nacionalistas de Nós, asegurando que su voto había sido prácticamente por descarte.

¿Y qué esperan estos jóvenes del resultado, de su primer voto? La mayoría aporta expectativas con un peso ideológico más bien débil, pero el resumen está claro: quieren un cambio, que va desde la esperanza de no tener que irse fuera del país cuando acaben de estudiar a no tener que ver a sus hermanos pasando reválidas. Todos ellos y muchos más (unos 20.000 en toda Galicia) durmieron anoche con la sensación de ser ciudadanos de pleno derecho, de los que son capaces de cambiar gobiernos. O no.

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