Unir los intereses de todos

Bernardo Silva

CARBALLO

Es agradable comprobar cómo tras años de vacilación por fin se extiende en nuestro entorno cercano el fenómeno de la humanización de los cascos urbanos de los pueblos y ciudades.

Vaya por delante que a mí me parece una idea magnífica, que dota a espacios habitualmente destinados a ruidos, tráfico y sensación de caos, de una perspectiva mucho más sugestiva, y en cuyo éxito a nivel popular ha tenido una importancia decisiva la ejecución reciente de algunas de estas obras (por ejemplo en la calle Valle Inclán) que nos han permitido comprobar de forma real los efectos estéticos del proceso. Y no nos engañemos, para los viandantes la necesidad de consumo crece de forma exponencial cuando se desplazan caminando.

Sin embargo, existen voces discordantes que censuran los perjuicios que para determinados negocios se pueden derivar de la ausencia de tráfico rodado y, sobre todo, el manido tema de las plazas de aparcamiento.

No considero que en un pueblo como Carballo, de casco urbano no muy extenso, ambas líneas sean un problema, porque podemos acercarnos a cualquier zona de aparcamiento libre y cómoda con un paseo de menos de cinco minutos, algo que consideramos casi un lujo cuando nos desplazamos a ciudades mayores.

En cuanto al sector comercial, siempre me ha parecido mucho más atractivo el consumo pedestre. Ambos extremos están relacionados, y confiemos en que los poderes públicos adopten soluciones que permitan aunar los intereses de todos, intentando, eso sí, que no se repitan episodios como los del criticado Plan E, que nos peatonalizó calles por las que apenas transita nadie.