La mujer, vecina de Berdoias, se cayó en una tajea de la que no habría salido si no llega a ser por la ayuda del agente
12 feb 2014 . Actualizado a las 07:00 h.María Dolores Valiña Valiña recibió hace años una reprimenda -que no llegó a multa- de la Guardia Civil por caminar sin el chaleco reflectante. En aquella ocasión se le había olvidado pero asegura que no volverá a suceder, sobre todo después de que este elemento de seguridad y la pericia de un guardia de Camariñas le salvasen la vida el pasado día 6 por la noche.
La mujer, natural de Pedra do Frade, en el parroquia vimiancesa de Berdoias, volvía de casa de una vecina, a donde acudió para que la aplicasen las gotas que necesitan sus ojos a la mañana y a la noche.
«Eu xa non vexo moi ben pero caía tal pedraceira que en lugar de ir pola estrada metinme no rego. O 22 de abril vou facer 85 anos e camiñei por aquí toda a vida. Teño pasado regos ben máis fondos pero desta vez, de non ser por este señor que me axudou, non salía del. Non había nada a que agarrarse nin en que facer firme e, canto máis me movía, máis lama facía», relata la mujer, que esta semana está acatarrada, pero goza de una salud, y sobre todo de un sentido del humor, más que envidiable.
«Este señor», como ella lo llama, que la visitó ayer por la tarde, es Fernando García, un agente del puesto de Camariñas, que, en torno a las 21.30 horas, se dirigía a su trabajo cuando se encontró con la accidentada.
«A verdade é que non sei moi ben o que vin porque as luces públicas estaban apagadas e chovía moitísimo. De feito parei varios metros máis adiante, cunha sensación medio rara, como se se tratase de alguén que limpaba a tajea ou simplemente fose un bulto. Eu creo que foi o chaleque o que me chamou a atención, porque cando vas conducindo, e máis por unha estrada como esta, realmente tampouco te fixas nas cunetas», explica el funcionario quien, al acercarse, comprobó que la mujer estaba en una posición muy complicada y sin capacidad para valerse por sí misma.
Logró incorporarla y enseguida vino una vecina -son tres en la aldea- que le ayudó a que la octogenaria pudiese volver a su casa en la que vive sola.
Ayer, ambos recordaban lo sucedido entre bromas y con una enseñanza clara: que el chaleco reflectante, como dice el agente «pode parecer unha tontería pero non o é».