Son días de conmoción y tristeza que otra vez sufrimos con Muxía por la voracidad del incendio que arrasó parte significativa del santuario, patrimonio espiritual de toda Galicia. Se suceden informaciones y colaboraciones de prensa que nos acercan a las iniciativas que dieron lugar a la construcción del santuario en el primer tercio del siglo XVIII. Investigaciones sobre la jurisdicción de Taboada (Lugo) me permiten comentar el decisorio mecenazgo que ejercieron los señores de esta casa nobiliar en la construcción del edificio y en la dotación posterior del retablo principal, el lateral de San Miguel, así como posteriores obras de mantenimiento, en colaboración con el condado de Maceda.

La iniciativa para construir el actual santuario procede del matrimonio formado por Juan Taboada Rivadeneira, señor de la Casa de Taboada, y Aldonza de Castro Villamarín. Taboada participó en las guerras de frontera contra Portugal entre 1657 y 1668, donde ascendió al grado militar de Maestre de Campo tras heroicas intervenciones en estas campañas al frente de tercios gallegos. Caballero de la Orden de Santiago, Regidor en la ciudad de Ourense y Procurador en Cortes, distribuyó breves estancias entre su casa de Santiago, su palacio de Bembibre (Taboada) y su residencia de verano en el paradisíaco lugar de Cereixo, al fondo de la ría de A Ponte do Porto, lugar que pertenecía al patrimonio de su esposa, única hija de Fernando Bermúdez de Castro y María de Castro, señores de Villamarín (Ourense). El matrimonio de don Juan y Aldonza es dueño de varios mayorazgos y administran grandes jurisdicciones que suman miles de vasallos. La proximidad de Cereixo (Vimianzo) al secular santuario de Nuestra Señora de la Barca, la trascendencia mariana del mismo significada en los miles de romeros que lo frecuentaban y el espectacular anfiteatro natural en que se asienta, mueve antes y ahora mismo muchas voluntades y, entre ellas, las de este poderoso matrimonio.

Taboada gestionará con los monjes del cercano Monasterio de Moraime la cesión de una casa en ruinas en las inmediaciones de Muxía, material con que se inició la construcción del nuevo edificio, bajo su patrocinio y vigilancia desde el cercano Cereixo.

Su prematura muerte en 1681, con 46 años, suspendió un tiempo la iniciativa, que luego retomará su hija María Teresa Taboada Villamarín y Castro, nombrada condesa de Taboada en 1683 y casada en 1687 con el conde de Maceda. Ambos condados no se fusionan, conservan su identidad y administración diferenciada y en las adquisiciones comunes formalizan un sistema de gananciales El joven matrimonio, que tiene casas abiertas en Maceda, Bembibre, Pontevedra, Santiago y Vilaxoán, fija su residencia en Madrid y frecuentan Cereixo, donde reside la viuda madre de la condesa hasta morir en 1696.

Fervor por la Virxe

Para entonces la situación política de la dinastía Habsburgo en España es inestable. Se desata la llamada guerra de Sucesión, contienda internacional y al mismo tiempo civil en suelo español. Los condes de Maceda y Taboada se posicionan en la defensa de la dinastía Borbón. El conde, José Benito de Lanzós cuenta 30 años y tiene la graduación militar de Maestre de Campo. Las rentas de los dos condados suman más de treinta mil ducados cada año, cuentan con cinco mil vasallos y controlan setenta y seis beneficios curados. Parece llegada la hora de obtener beneficios consecuentes a los dispendios económicos por la defensa de la causa borbónica. El conde solicitará el título de Grande de España. En 1709 obtendría para el condado de Maceda la categoría de Grandeza de España y el hijo primogénito del matrimonio podría llevar el título de conde de Taboada antes de la muerte de sus padres y «que goce de todos los honores, que, como título de Castilla, le corresponden».

El matrimonio de los condes de Taboada y Maceda tienen además una dedicación socio-religiosa, orientada a difundir el culto mariano en varios lugares y con diversas intervenciones. En Muxía siguen colaborando con la construcción de la iglesia-santuario de la Virxe da Barca. Tienen gran interés en dotarla de retablo principal y el secundario dedicado a san Miguel. En el fervor por Nuestra Señora de la Barca coinciden ambos cónyuges; sus estancias en Cereixo son cada vez más frecuentes. Desde aquí encomendarán a la Virgen la curación de su nieto Gonzalo, de 7 años, gravemente atacado por la viruela. Superada la enfermedad, obsequiarán a la santa con un famoso exvoto, que cuelga los días de fiesta en las paredes del santuario. La pintura ofrece la escena de Gonzalo en devota acción de gracias, dirigida a la Virgen, aparecida en una barca, acompañada de ángeles.

Pintura y dorado del retablo

El conde de Maceda fallece en Santiago el 23 de Noviembre de 1725. En su memoria testamental pide que se deposite su cuerpo en el convento de Santo Domingo, «en donde he de estar para siempre quiero que sea en la iglesia de la Purísima Virgen, mi Madre y Gran Reyna Nuestra Señora de la Barca en sepultura y a los pies de su iglesia para estar siempre en aquel pasmoso y asombroso templo...». Otro encargo en su memoria es que se proceda a la pintura y dorado del retablo e imágenes de Nuestra Señora de la Barca y apóstol Santiago, «de que los dos juntos y conformes hemos hecho promesa solemne en el verano de dicho año pasado de mil setecientos veinticinco», recuerda asimismo a su esposa.

crónica histórica el papel del condado de taboada en el origen del santuario da barca

Díaz-Castroverde es doctor en Historia

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Un decisorio mecenazgo