«Pídenche cousas sen sentido»

Cristina Viu Gomila
Cristina Viu CARBALLO / LA VOZ

CARBALLO

Miguel Negreira y su madre Dolores Rabuñal ante la reformada Torre de Nogueira.
Miguel Negreira y su madre Dolores Rabuñal ante la reformada Torre de Nogueira. casal< / span>

La Torre de Nogueira fue rehabilitada por una familia de Coristanco

15 dic 2013 . Actualizado a las 07:08 h.

El abuelo de Miguel Negreira trabajó como criado en las Torres de Nogueira y hace ya más de 50 años las compró a los Padres Redentoristas de A Coruña, a quienes sus dueños, que no tuvieron descendencia las había cedido. Los curas se deshicieron del patrimonio y Manuel Rabuñal Novoa adquirió un conjunto formado por las torres, la capilla y la mitad de la casa anexa. Una de las fortificaciones y el edificio religioso eran ruinas ya, pero el coristanqués logró recuperar la otra y la vivienda, en la que sigue residiendo la familia.

Dolores Rabuñal heredó de su padre la propiedad que su esposo, ya fallecido, y su hijo terminaron de reparar. A los Negreira Rabuñal el apego a la Torre de Nogueira les viene en los genes. Solo así se explica el enorme esfuerzo realizado para mantener el edificio en pie.

Miguel Negreira reconoce que vivir en un BIC (Ben de Interese Cultural) no trae más que complicaciones. Cualquier reparación u obra exige un papeleo largo y muy costoso y requerimientos técnicos que considera «sen sentido», sobre todo cuando compara las exigencias de Patrimonio a los particulares y su laxitud en sus proyectos. Miguel Negreira explica que ha tardado un año y medio en conseguir permiso para levantar un muro de 50 centímetros con el que separar su propiedad de la colindante. Con respecto al doble rasero de Cultura el propietario explica: «Non nos deixan utilizar cemento, aceiro e outros materiais, pero cando vas ás Torres do Allo ou ao Castelo de Vimianzo encóntraste con todo iso».

Facilidades

Entiende que «miren, que controlen», pero considera que «deberían faciliar as cousas. Facerse cargo do que costa o papeleo e que o propietario pague a obra». Asegura que es carísimo realizar trabajos en un BIC, no tanto por los materiales sino por la larguísima espera y también porque «por cada mínima obra hai que contratar a un arqueólogo».

Asegura Miguel Regueira que se debería tener en cuenta la voluntad de los dueños de preservar el patrimonio y que la Xunta colaborara haciendo las cosas más fáciles, porque muchos propietarios acaban por tirar la toalla.

A él el amor por la Torre de Nogueira le vino por parte de su padre y de su madre. Durante años estuvo colaborando con él para que el edificio se mantuviera en buen estado, una labor que su abuelo comenzó en año 2007.

Lamenta la familia que la propiedad no esté en buenas condiciones. El hecho de que los Padres Redentoristas vendieran el legado de las hermanas Sanjurjo en partes provocó algún desaguisado como el derribo de la mitad de la casa de piedra, sobre la que se construyó una vivienda moderna, lo que da al complejo un aspecto extraño y afea un entorno muy interesante.

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