Oliete ha sido testigo y protagonista de algunos de los acontecimientos más significativos de la última década en la comarca.
-¿Cuál fue el momento más complicado de su gestión?
-El cambio de titularidad fue muy duro. Hubo manifestaciones, huelgas y yo estuve en reuniones representando al que se iba y al que venía, lo cual no es fácil. Llegué a tener mi teléfono particular intervenido, que con eso está todo dicho sobre cómo fue de dura a nivel personal aquella situación. Luego, el Casón y el Prestige también fueron momentos críticos.
-¿Por qué?
-El Cason porque nos cogió como un campo de operaciones y todavía estamos esperando que se agradezca la labor que hicimos. Todo el mundo habló de Alcoa, los cierres y demás, pero aquí los trabajadores descargaron los bidones e, insisto, sigo esperando que nos den las gracias. En el Prestige, a raíz de sus secuelas, nos intentaron acusar de contaminación de la ría, cosa que nunca se ha demostrado porque no es verdad
-¿Cuáles han sido los mayores éxitos conseguidos?
-Yo me considero un privilegiado y tengo momento positivos todos los días, por la capacidad de actuar para mejorar los resultados de la empresa, las condiciones de los trabajadores y directa o indirectamente la vida del entorno. Como cosas puntales, la puesta en marcha de la fábrica de Dumbría y todas las inversiones que se han hecho, a un ritmo de tres millones de euros al año, y fundamentalmente las acciones medioambientales, al igual que el puerto, que fue una apuesta personal
-¿Cómo superaron la crisis?
-A veces yo también me hago esa pregunta porque es casi un milagro que, cuando el mundo se viene abajo, nosotros seguimos creciendo y contratando gente. Creo que la base es la profesionalidad y la productividad que se ha conseguido.