Este fin de semana, mientras el bullicio de la movida nocturna carballesa latía entorno a la calle la Estrella, la discoteca de A Revolta, que antaño fue el mayor centro de diversión juvenil de la capital de Bergantiños, sufrió el enésimo ataque vandálico.
En la madrugada del viernes al sábado, unos desaprensivos prendieron fuego a la sala de fiestas otrora conocida como La Factoría. Las llamas de un incendio a todas luces intencionado se iniciaron casi simultáneamente en tres puntos distintos sin que la policía ni los propietarios del local tengan indicio alguno de qué movió a los autores para asestarle otro nuevo golpe a un local, que simboliza a la vez lo mejor y lo peor de Carballo, al tiempo que ilustra el cambio de modelo del ocio nocturno en la comarca.
El inmerso aparcadero que la rodea fue en su día garantía de espacio suficiente para acoger a centenares de vehículos y varios miles de personas dispuestos a pasar la noche en un mismo local. Le sirvió durante años para ser referencia absoluta, pero hoy las cosas han cambiado. Los jóvenes prefieren el salto de pub en pub que pagar una entrada y aferrarse a un único escenario, desde el que hacía falta pegarse una larga caminata para llegar al resto de centros de diversión. Su tamaño y costes hacen inviable mantenerla abierta y los continuos follones y peleas de la etapa final acabaron por condenarla.
Ahora, después de que robasen en ella prácticamente todo lo que se podía robar, es ya solo el esqueleto de un ilustre pasado. Los responsables trataron de venderla y acabaron por tapiar las entradas con planchas metálicas que, en vista de los hechos, tampoco han servido para alejar de la sala a todo tipo de maleantes. La nave y la explanada siguen siendo atractivas y esperan un mejor momento económico para dar cabida a otros negocios porque, después de lo sucedido, está cada vez más claro que la discoteca no volverá.
el ocaso de una discoteca histórica