La dura resaca de Fin de Año

Juan Ventura Lado Alvela
j. v. lado CARBALLO / LA VOZ

CARBALLO

BASILIO BELLO

Un coristanqués que hizo lo posible por acabar detenido y un carballés que pasó de denunciante a imputado centraron los sucesos navideños

04 ene 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Un portavoz del servicio de emergencias de Madrid explicaba la semana pasada en una emisora de radio que en su unidad conocen las fiestas navideñas como «las noches de los cuñados», porque la mayoría de las llamadas que reciben son por peleas familiares. Aquí en la Costa da Morte, sin llegar a esos extremos, la jornada de Fin de Año también tuvo algún curioso suceso de características parecidas que dejó a los profesionales que estaban de guardia sin posibilidad de tomar las uvas a tiempo.

El más significativo tuvo lugar en A Rabadeira (Coristanco), donde, según informaciones policiales, un vecino mojó a sus parientes con el cava y se desató una bochornosa trifulca que acabó con su protagonista en los calabozos. El hombre, a quien sus parientes no querían denunciar, porque tampoco tenían motivos para ello, se empeñó en ir detenido. Para conseguirlo, según testigos presenciales, trató de meterse varias veces en el coche patrulla de la Guardia Civil, pero como los agentes estaban más empeñados en tranquilizarlo que en ponerle los grilletes, echó mano de una ballesta artesanal para impresionarlos. Como es lógico, los guardias, a los que según las mismas fuentes acabó pidiendo disculpas, no tuvieron más remedio que apresarlo y requisarle el arma que él mismo había construido con todo detalle y que difícilmente podrá recuperar.

Cuatro horas antes de este incidente, que tuvo lugar en torno a la medianoche, un vecino de Carballo que responde a las iniciales M. A. R. V. se presentó en el cuartel del instituto armado para denunciar los daños que tenía en su vehículo, un Mercedes Clase E, con el faro delantero izquierdo destrozado. Tras las comprobaciones oportunas, los guardias dieron aviso a la Policía Local para que le practicase la prueba de alcoholemia y descubrieron que en la calle San Xoán Bautista, cerca del bar Piscis, había varios coches estacionados con signos parecidos. Unos destrozos, que según averiguaciones posteriores, fueron supuestamente provocados por este conductor, que, visto el problema en el que estaba metido, habría tratado de hacerse pasar por un damnificado más.

Ya en el cuartelillo de la policía, el implicado, siempre según informaciones de las fuerzas de seguridad, se negó a someterse al test de alcoholemia y tampoco pudo acreditar que su Mercedes tuviese seguro ni la ITV en regla, con lo que fue imputado por un delito de desobediencia, y su vehículo, aún ayer por la tarde, seguía inmovilizado frente a las dependencias del Concello.

Estos incidentes -que no fueron los únicos porque en Fisterra, ya el día 1, los guardias tuvieron que mediar en una pelea- quedarán grabados en el amplio anecdotario policial que siempre deja la Navidad.

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