La crisis echó a volar pájaros que ya no volverán

La Voz

CARBALLO

La crisis es como un monstruo de dimensiones inimaginables que no solo se traga gran parte de los fondos públicos, las reservas bancarias, las empresas, los puestos de trabajo y el Estado del bienestar, sino también, y lo que es peor, muchas esperanzas. Hay gente del común que se ve sin ánimos y a punto de rendirse, pero la situación también llega a los concellos, cuyas cajas de caudales empiezan a cubrirse de telarañas. El Concello de Carballo tenía esperanzas de continuar con la peatonalización de la zona centro, pero ese proyecto tendrá que ser guardado en el cajón del tiempo a la espera de que asomen su cabeza las vacas gordas. Felices eran los días en los que las huestes de Evencio Ferrero se veían favorecidas por la debilidad de la minoría de Rodríguez Zapatero para aprobar los Presupuestos. Esta situación era aprovechada por Jorquera, que de este modo y a cambio de pulsar el botón a favor de las cuentas, podía arrancar pequeñas tajadas con las que Carballo sacase algún partido. El mercado municipal fue uno de ellos. La biblioteca, aún en obras, fue otro. Pero la debacle financiera mandó a parar y el decreto de los recortes echa por tierra la mejora de la rúa Desiderio Varela, que, de momento, voló. Tardará años ese pájaro en posarse de nuevo en los árboles de la plaza do Concello. El amparo que los nacionalistas tenían en la Carrera de San Jerónimo para adornar su gestión en los despachos del consistorio diseñado en su día por Rey Pichel, actual director xeral de Patrimonio. Nada es eterno, pero en política las alegrías siempre son efímeras, sobre todo para las minorías.

Veinte años de Neria. Neria celebró ayer sus 20 años de actividad. Allí estuvieron, en el mismo escenario de su nacimiento, muchos de los que durante estos dos decenios fueron sus directivos. Precisamente ahora, cuando la sociedad no vive su mejor momento y se ve en una encrucijada. Ahogada económicamente por la falta de crédito bancario y exenta de los ingresos de las cantidades de dinero público que las Administraciones tenían pactadas, el colectivo carece de facultad de maniobra ahora mismo. Está más seca que un manantial en el desierto. La falta de líquido la puede deshidratar. Corcubión se les va, y se marcha con una deuda de más de 50.000 euros, que difícilmente podrá y querrá pagar. Es más, tendrá que haber muchas batallas judiciales para que un día, seguramente lejano, las autoridades locales corcubionesas ingresen todo ese capital en las cajas de la agrupación supramunicipal, que tanto dolor causó a varios organismos públicos en algunos momentos de estos dos decenios.

Neria siempre fue escenario de duras luchas políticas, encarnizadas a veces, pero más bien silenciosas, aunque no exentas de puñaladas profundas. Ahora mismo está en medio de un gran temporal, del que posiblemente salga otra entidad distinta. O se salva con todo el flete que lleva a bordo o será irreconocible. Dependerá de su capacidad de adaptación y reacción al sunami que se le acerca.