Concellos más sostenibles

La Voz

CARBALLO

o hace falta ser un ecologista a ultranza para saber que los restos del botellón del fin de semana no deberían bajar por el rego da Balsa, que los adolescentes que se sientan cada tarde en los bancos de la calle Coruña no deberían tirar al suelo las cáscaras de las pipas o que los amantes de la naturaleza no deberían encontrarse una vieja y oxidada lavadora a su paso cuando salen a caminar por el monte. Pero todas esas cosas ocurren. Y muchas más. La falta de educación ambiental es uno de los grandes males de la sociedad actual. Parece que los padres ya no reprenden a sus hijos cuando tiran un papel al suelo, que los jóvenes ya no disfrutan de una churrascada en el refugio de Verdes si no dejan la basura esparcida por el lugar y que los abuelos han olvidado el reciclaje casero que siempre se hizo en las aldeas hasta la llegada masiva del plástico a nuestras vidas. De poco valen las medidas que se tomen, las ordenanzas municipales que se aprueben o las campañas publicitarias que se hagan si los ciudadanos no están dispuestos a colaborar y si los gobernantes están más preocupados por no molestarlos con una multa o con una subida de impuestos que de velar por el cumplimiento de las leyes que ellos mismos promueven y por unos concellos más sostenibles.