La romería de la parroquia zasense de Mira vivió ayer una soleada jornada de devoción y festejos donde las centenarias tradiciones fueron otra vez protagonistas
29 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Hace 16 años que Luis Ramón Mata encabeza la valiente comisión de fiestas de la parroquia zasense de Mira. Ayer demostraron que, por mucho tiempo que pase, hay cosas que no cambian. Desde uno de los puntos más altos del municipio se vivió la tradición más absoluta, y cómo no, San Roque do Monte se dio un auténtico baño de masas en la romería que celebraron un año más en su honor y en el de San Bartolo.
Mucho tiempo atrás, allá por el año 1514, ya se estilaba aquello de la poxa , y hoy, casi medio siglo después, Evaristo Martínez Oreiro continua subastando desde lo alto de su piedra. Después de dos décadas siendo la voz cantante de la famosa subasta, Evaristo buscó ayer nuevos dueños para las ofrendas de los devotos: «galos, kikos, polas, conexos» y un solitario «pé de porco». En total, una veintena de donaciones que reunieron a una multitud de personas en las cercanías de la ermita para vivir el momento más popular de la celebración. Hasta 40 euros llegó a pagar Germán Pose por un gallo, la máxima cantidad que se pudo escuchar en la poxa . Pero los auténticos gallos de pelea fueron otros, y se ofrecieron con la intensidad de las grandes subastas, aunque por menos dinero. Evaristo no dudó en afirmar que «non hai queixa, para os cartos que hai está ben». Aunque no puede evitar recordar los 77 euros que pagaron hace dos años, sobre lo que él mismo dijo que «cada un ten a súa intención, a ofrenda é o interior de cada un». Así lo debió pensar Manolo, que, a falta de uno, se llevó cuatro gallos «de campionato». Sin duda, emoción hasta el final, con un pé de porco valorado en nueve euros.
Una jornada de cifras que se remonta a la segunda mitad del siglo XVII, cuando se fundó la Cofradía de San Roque do Monte, origen de la romería que hoy conocemos. Ahora, alrededor de doscientos socios ocupan el lugar de los antiguos cofrades, y mantienen sus tradiciones, pero solo en parte. Así, antes de la misa solemne se acercaron a buscar el molete de pan que ya habían pagado el año anterior. Medio ferrado de trigo que hoy se traduce en seis euros. Entre sus filas se encuentra gente de toda la zona, incluso de Vimianzo o Santa Comba, y algunos que, según Ana Mata, «levan máis de dous séculos na confraría e os seus familiares siguen pagando a súa cota».
Como no hay dos sin tres, San Roque no se olvidó de la magnifica tierra gallega. Así, gracias a la famosa bendición de la tierra en la que cada persona coge de la ermita un poco de tierra bendecida para esparcirla por sus campos, aún hoy se sigue luchando contra las pestes.
Recuerdos e historias escondidas en la cima del monte de Zas, y que a partir de ahora verán la luz el cuarto sábado del mes de agosto por los siglos de los siglos.