El alcalde de Cerceda, José García Liñares , es un auténtico funanbulista de la política capaz de hacer que un triunfe un parque acuático en el medio del monte a decenas de kilómetros de la costa, de mantener los equipos de un concello de 5.000 habitantes en categorías nacionales y a poco que le dejen se hace con una prueba del mundial de Fórmula 1. Maneja como nadie la técnica de caminar sobre el alambre de la gestión, pero siempre con la red bien atada ante cualquier posible resbalón. La concejala y diputada autonómica del PSOE Silvia Fraga , con un perfil más combativo, es una de las jóvenes promesas socialistas de la zona con muchas posibilidades de hacer carrera en el partido. Ninguno de los dos puso reparo para inmortalizar la inauguración del nuevo paseo fluvial del río Cabancas con una instantánea en los columpios. Suerte que no los pilló la Policía Local porque, pese a la jovialidad que destilan, no están precisamente encuadrados en el grupo de edad habilitado para la práctica del balanceo.
Sin salir de Cerceda, damos una vuelta por el vestuario del estadio Roxo do Piñeiro, que tiene fama de ser más bien complicado. Al menos eso es lo que recuerdan algunos de los entrenadores que pasaron por allí y que salieron con la espalda convertida en una muestra de artesanía de Albacete. Pues bien, o mucho cambiaron las cosas por esos lares o en realidad nunca fue para tanto. Está claro que juntar a algunos de los jugadores más destacados de la categoría, que además tienen los mayores cachés de la comarca crea fricciones, pero eso no significa necesariamente que deje de triunfar el compañerismo y para muestra un botón. En el último encuentro disputado por los rojiblancos en su campo, César Otero no estaba a disposición del técnico y Manu Barreiro , recién incorporado, seguía pendiente de completar los trámites de su traspaso. Sin embargo, ninguno de los dos optó por la playa y se sentaron juntos en la primera fila del graderío para seguir la evolución del equipo.
Hay pueblos en los que algunas aficiones están realmente extendidas entre la población. Las hay de todo tipo, pero en Laxe una de ellas es el acordeón. A los laxenses no solo les gusta escucharlo, sino que incluso existen familias en las que la tradición se mantiene durante generaciones y han conseguido tener a destacados intérpretes del instrumento. Dicen por la localidad que Fernando Paredes es uno de los mejores acordeonistas del pueblo, así que habrá que animarlo para que ofrezca alguna actuación. Mientras tanto, laxenses o no, quienes se acerquen por la turística villa bergantiñana pueden ver en la taberna Áncora una interesante exposición de acordeones que también están a la venta. Y hay donde elegir, porque la muestra incluye desde un Universal estándar por 550 euros hasta un Borsini, pasando por diversos modelos de las marcas más conocidas. El propietario del local, José Martínez , posa con uno, pero hay 30, y todos en perfecto estado de uso, ya que son de colección.