«Los emigrantes le dan a Galicia un gran poderío y generan vínculos»

Katy Lema CARBALLO/LA VOZ.

CARBALLO

El ex diputado de la Ciudad de Buenos Aires y responsable de un mítico centro de la diáspora visita la tierra de sus padres, oriundos de dos parroquias de Vimianzo

01 ago 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

Carlos Ameijeiras Miñones es desde el año 2007 el Presidente de la Asociación Benéfico Cultural del Partido de Corcubión. Una de las instituciones más representativas de la emigración gallega con sede en la Ciudad de Buenos Aires y que tiene su origen en el año 1922. Carlos, que nació en la capital argentina el 19 de mayo de 1955, es hijo de emigrantes naturales de Salto y Treos, parroquias de Vimianzo, y vuelve estos días a la tierra de su familia. Ésta es la tercera visita a Galicia del que fuera diputado de la ciudad porteña, y que permanecerá en nuestro país hasta el 15 de agosto. Desde pequeño ha apoyado a la asociación que preside y que se refleja en una intensa historia de vivencias.

-¿Qué es la Asociación Benéfica y Cultural del Partido de Corcubión?

-Es una de las muchas asociaciones de emigrantes fundadas a principios del siglo pasado. Originariamente tenía otro nombre, nació con el propósito de llevar a cabo acciones que sirviesen para ayudar a los familiares y amigos que permanecían en Galicia. Uno de las iniciativas más importantes fue el proyecto de construcción de ocho escuelas aquí, se logró hacer cuatro, en Nemiña, Estorde, Suarriba y Pasarela. Al iniciarse la Guerra no se pudo ampliar el proyecto. Además, la asociación tuvo una importante labor de acogida de todos aquellos exiliados de la dictadura franquista. Ejemplo de ello es la participación de Castelao en nuestra revista Alborada . Para llevar a cabo nuestras actividades contamos con nuestro centro oficial y con el complejo de recreo social de Vicente López donde celebramos festividades como la de la Virgen de la Barca de Muxía

-¿Cuál es la razón de su fundación?

-Nace en 1922 como parte del proceso de asociacionismo que se vivió con la emigración gallega en esta parte de América, solo comparable al de los Estados Unidos. Con el objetivo de construir un lugar de encuentro para los emigrantes y ayudar a los que se quedaron en Galicia. El mismo nombre indica la vinculación de nuestro colectivo con el Partido Judicial de Corcubión, una partición geográfica diferente a la actual y que vinculaba a ocho concellos de la zona. Era una maravillosa posibilidad para encontrarse con los vecinos, de abrir las posibilidades de entendimiento y servir de orientación a todos aquellos que se enfrentaron a una nueva vida en la gran ciudad. Un punto de apoyo fundamental.

-¿Cuál es su vivencia personal con la emigración?

-Desde el 2007 soy presidente de la asociación, el único de primera generación, pues yo nací en Buenos Aires. Mis padre es de la parroquia de Treos y mi madre de Torelo (Salto), en Vimianzo. Vine por primera vez a Galicia en el año 1966 cuando mis padres no soportaban más la lejanía de su tierra, vinimos en barco, yo tenía 11 años. Estuvimos seis meses en una Galicia más parecida a la que mis padres dejaron, que con la que me encontré en mi segunda visita en el año 2005. Ahora me resulta extraño ver una vaca rubia o un palleiro, los montes están llenos de ventiladores, algo inexistente e impensable en el pasado.

-¿Qué papel cumple ahora su asociación?

-No cumple las funciones para las cuales fue fundada. Ya no hay emigración y Galicia ha progresado mucho. No necesita de las aportaciones de los emigrantes. Lo que hacemos ahora es dar apoyo precisamente a los emigrantes que aún persisten allá, tenemos una escuela de danza y de gaita y percusión gallega, de encaje de bolillos e intentamos cultivar la cultura del gallego. La posibilidad que tiene Galicia de tener dispersa a tanta gente le da un gran poderío, lo que genera importantes vínculos.