Los vecinos de la parroquia vimiancesa de Carnés se preparan para celebrar una nueva edición de la tradicional Festa da Faguia en el campo de A Cerca
09 jul 2010 . Actualizado a las 02:00 h.Corría el año 1981 cuando un grupo de vecinos de la parroquia vimiancesa de Carnés decidieron recuperar la Festa da Faguia, una celebración de carácter religioso que se perdió en la década de los setenta como consecuencia de la recuperación económica que vivió la comarca, principalmente, a través de la riqueza conseguida por los emigrantes que un día lo dejaron todo para comenzar una vida en diferentes países del centro de Europa.
El origen de la fiesta se remonta a 1608, año en el que se fundó la Cofradía de San Cristóbal de Carnés. En aquel tiempo, los cofrades debían pagar una cuota anual o caridad, denominada faguia, destinada a garantizar las actividades asociadas al culto, como misas, comidas de confraternidad o gastos de los entierros. En estos primeros años se cree que ya se celebraba una comida en la víspera del día del santo.
Durante los siglos XVII y XVIII, la cofradía gozó de un enorme crecimiento tanto en ingresos como en el número de cofrades, cuyas procedencias eran cada vez más heterogéneas. De ahí se piensa que, para evitar que los ajenos la hermandad participasen del banquete, se procedió a la construcción de A Cerca a mediados del siglo XIX.
Con la llegada de la desamortización de Mendizábal en 1836 y la época de hambruna que sufrió el país desde finales de siglo, la cita se convirtió poco a poco en una comida destinada para los pobres, a los que se les servía arroz, un pedazo de pan y un cuenco de vino. En esta vertiente caritativa de la fiesta se comenzarían a servir poco después también los callos. Los mayores del lugar recuerdan que este alimento ya se repartía antes de la Guerra Civil.
Preparativos
La comisión de fiestas trabajó estos días para acondicionar el campo de A Cerca y preparar hasta el último detalle de la cita gastronómica de mañana, que comenzará a las ocho de la tarde, una hora después de la misa que se oficiará en honor de san Cristovo. En la tarde de ayer, la organización se puso manos a la obra para dejar listos los ingredientes que, a partir de las tres de la mañana, se comenzarán a cocer en las ollas hasta las nueve de la noche. En total, una tonelada de carne -entre chorizos y callos-, 300 kilos de chorizos, otros tantos de pan, acompañados de mil litros de vino tinto y blanco, saciarán el hambre de cualquiera que abone los siete euros, que corresponden al cuenco de los callos y a la taza de vino, ambos recipientes de barro de Buño. Para repetir las veces que se quiera. Se esperan servir alrededor de 3.000 raciones.