Después de trabajar toda su vida en el espectáculo, Miguel Angelo montó su propia compañía, que hoy está en Carballo. Su hijo mayor sigue ya sus pasos
06 jun 2010 . Actualizado a las 02:31 h.Brian Mota tiene once años -«doce en julio», apunta rápidamente-, unos intensos ojos azules con mirada inteligente y un desparpajo cautivador. Su padre, Miguel Angelo, dice que, como él mismo, lleva el circo en la sangre, que tiene madera de artista. El joven Mota lo demuestra ofreciéndose a maquillarse «en dos minutos» para posar en la foto caracterizado de payaso. Ese es su papel en el Circo Internacional Palace y, según su padre, «si pudiera se pasaría toda la función en la pista, a veces hay que sacarlo a rastras». Brian, de momento, se inclina por el humor y Miguel Angelo es «payaso, malabarista, montador, lo que haga falta».
La pasión de ambos por el considerado como «el mayor espectáculo del mundo» es algo genético. «Desde que yo recuerde, mis raíces están el circo. Mi abuelo y mi bisabuelo trabajaban en él», explica Miguel Angelo, que en diciembre, y después de trabajar «toda la vida» en otras compañías, decidió poner en marcha su propio espectáculo. El equipo, formado por unas 30 personas, debutaron en Ponferrada y hace unas semanas iniciaron su periplo gallego. El viernes llegaron a Carballo, de donde se marchan hoy (la función es a las 19.00 horas), y el próximo fin de semana estarán en A Laracha. «Siempre he querido mucho a Galicia. Hace unos años pasé una temporada en las Rías Baixas y me enamoré», confiesa Miguel Angelo, quien asegura que «el último día es siempre el que mejor trabajamos». Lo dice porque el boca a boca funciona y está demostrando que en el circo también se pueden hacer cosas distintas.
De hecho, en el Internacional Palace casi no hay animales, porque está convencido de que «se puede hacer circo sin ellos». «Quiero lograr una atmósfera especial entre público y artistas. Solo deseo que la gente venga a reírse a pasárselo bien», explica mientras el despierto Brian asiente. Solo tiene once años, pero está claro que su futuro está en la pista. «Es lo que más me gusta», sentencia.
Pero su pasión por el espectáculo no le ha hecho dejar de lado los estudios. Sigue su formación a distancia y hace unos días se desplazó con su padre a A Coruña para realizar unos exámenes. El próximo curso, sin embargo, el circo Palace contará con una escuela, porque, explica Miguel Angelo, «ya tenemos ocho niños en la compañía y con cinco es suficiente para poner en marcha un colegio».
Al niño, como a su padre, le gusta la vida nómada y no hay más que verle para que desaparezcan todos los estereotipos relacionados con el espectáculo. Viven en una casa móvil a la que no le falta de nada -«es maravilloso ir de un lugar a otro y despertarte frente al mar»-, tienen muchos amigos y disfrutan con su trabajo. «Lo único duro del circo es la burocracia», dice Miguel Angelo, al que, como a su hijo, le brilla la mirada cada vez que habla de su día a día.
«Yo hago el circo por amor, con la esperanza de que, como ocurría antaño, todo el mundo esperase la llegada del circo con ilusión», explica. «El problema -añade- es que es un espectáculo con mala imagen, porque desde hace un tiempo lo hace gente que solo quiere sobrevivir, ganarse la vida. Sin embargo, el circo debe hacerse por gusto, porque es realmente lo que se quiere hacer». Ellos lo hacen por amor, y se nota.?