El mar marca el ritmo de la historia en Camariñas

CARBALLO

La vida en la localidad gira en torno al sector pesquero, el encaje y el turismo

12 mar 2010 . Actualizado a las 02:00 h.

En Camariñas el viento siempre sopla en dirección al puerto, y hasta allí empuja a los visitantes que atraviesan la capital del municipio, casi sin darse cuenta, para encontrarse con el mar. No podía ser de otro modo en una localidad donde la pesca y el marisqueo constituyen la principal fuente de riqueza, y en la que también el turismo -el sector en el que están depositadas tantas esperanzas de cara al futuro- mira hacia las playas, los acantilados, la ría y unas instalaciones náuticas en auge.

El puerto es el espejo de Camariñas, y más que nunca tras la renovación de la fachada marítima, que ha marcado un antes y un después en el desarrollo urbanístico de la localidad. Lástima que no existiese la misma sensibilidad cuando, en las primeras décadas del siglo pasado, se usaron las piedras del castillo del Soberano -utilizado para defensa de la ría contra los franceses en la época de Carlos III- para construir la dársena y los cañones, para amarrar las lanchas.

Vale la pena callejear por Camariñas. Basta con dejarse guiar por el sonido de los bolillos a medida que van creando encaje, por las animadas voces de las palilleiras o por la llamada de los ambulantes que acuden cada miércoles y cada sábado a la localidad para llenar de vida y animación la plaza del Mercado.

La villa no solo se refleja en el mar, sino que también lo ilumina. Camariñas no sería la misma sin su faro Vilán, un emblema no solo del municipio, sino de toda la comarca y de Galicia. Pero la mejor forma de descubrir la auténtica belleza del entorno es realizar la denominada Ruta da Costa da Morte. Bastan cinco horas para completar un recorrido del 19 kilómetros que arranca en el castillo del Soberano y continúa por la costa hasta el Cabo Vilán, el Cemiterio dos Ingleses y el monte Branco. Y solo hay que dejarse llevar por el viento.