La facilidad de Luis para aprender no fue tanta en el instituto ceense Fernando Blanco. Se distraía con unas cosas y otras -como los cómics- y, en el tercer curso de bachillerato laboral, plantó. Se puso a trabajar, primero como ayudante administrativo y después en el Rexistro de Propiedade, todo ello en Corcubión. No era el futuro que deseaba, así que retomó sus estudios y, «por ser curta», inició la carrera en la Escuela de Náutica de A Coruña. Entró becado y compaginó las clases con el trabajo en una compañía de trolebuses. El obtener una de las primeras becas que concedió la Fundación Barrié le permitió centrarse en los estudios y preparar unas oposiciones para Caixa Galicia. Aprobó y lo llamaron, pero quería experimentar lo que había estudiado. Consiguió una excedencia y se embarcó seis meses, en los que anduvo por el mar Caribe o el golfo de Alaska. Después, empezó en la banca. Se casó recién terminada la carrera y vive en A Coruña desde los 22 años.
Ilusión por escribir
Cinco antes se había iniciado con varios artículos en periódicos como La Voz y bajo seudónimo. Aparcó a un lado esa pasión cuando empezó a trabajar en la Caixa, aunque sí dejaba su impronta literaria en revistas de la empresa. Con 40 años vio alcanzado el nivel profesional que deseaba y, de nuevo, retomó lo que en realidad le gusta: «Comecei a investigar no 87 sobre a Guerra Civil. Cautivoume polo sufrimento que descubrín, unha xeración masacrada. Tratei de recuperar aqueles episodios para devolverlles a dignidade roubada cun silencio imposto». Trajo a la actualidad con sus libros sobre esta etapa -el último es Escapado- personajes como Pepe Miñones, de quien había escuchado hablar en la taberna paterna. Cuando uno toca tan delicados incluso está sujeto a tópicos, como aquel que habla de rojos. Se requiere soledad y disciplina, «algo que me impide ter a vida social que eu quixera». Sin embargo, puede más la satisfacción y la ilusión por «retomar vidas» con sus líneas.