Una familia de anuncio

CARBALLO

Los Solana Quesada veranearon por primera vez en Camariñas en 1994, el año en que saltaron a la fama gracias a Mistol

30 ago 2009 . Actualizado a las 02:00 h.

«Si dices que en tu coche cabe el jefe, la familia y todo pueblo de Teruel...». Así rezaba la sintonía del programa Qué apostamos, que todavía hoy se podría tararear en buena parte de España. Ellos no participaron, pero relación con la televisión sí tienen. O tuvieron

Laura Valverde -abuela-, Enrique Solana, Matilde Quesada -el matrimonio-, y sus diez hijos, dos de ellos gemelos, rodaron hace años un spot televisivo para la marca de detergente Mistol. «Entonces éramos los mismos que ahora, excepto nuestros tres nietos. Un amigo vio en la prensa que buscaban familias numerosas para rodar un anuncio; nos presentamos, aunque a mí me parecía un disparate, y lo ganamos», explica el cabeza de la gran familia.

Lo grabaron en Barcelona. Por aquel entonces, la hija pequeña era todavía un bebé que interrumpía el rodaje golpeando la trona con su cuchara. Y aunque para ellos fue «una simple anécdota», en Camariñas, donde veranean desde hace 15 años -los mismos que hace que grabaron el anuncio- los conocen no solo por «los madrileños», sino también como «la familia Mistol». No les molesta, pero prefieren «que nos recuerden por ser unas personas que amamos mucho esta tierra».

En efecto, tienen el corazón dividido entre la capital y la Costa da Morte, un «espíritu común» e incluso «arraigo». Cada verano, antes en julio y ahora en agosto, empacan sus cosas en una furgoneta de nueve plazas y ponen rumbo a Camariñas. Los que no caben -y cada vez van siendo más- «los metemos en el tren y los esperamos en A Coruña», explica Solana. El carácter de familia numerosa es, según la abuela, «vitalicio».

Enrique y Matilde se enamoraron en y de Galicia. Además, desde que pusieron el primer pie en la capital del encaje, no hay quien los aparte de ella. Es «una forma de escapar del calor de Madrid. Todos nuestros hijos quieren venir, han guardado en su memoria un buen recuerdo de este lugar». Y llegan, aunque la cosa tiene su dificultad: «Maletas, bolsos, bolsas de plástico, todo sirve para transportar cosas, desde la olla exprés hasta la barca que traemos».

En el camino, lo pasan «pipa», explica la madre de Quesada. Jovial y risueña, a sus 90 años, disfruta porque aquí los reciben «como si fueran de la familia» y ellos, según su yerno, «adoran el clima fresco, el buen ambiente, la gente acogedora, la ría y el deporte náutico a precio económico». La abuela matiza que le encantan «la empanada y los bizcochos», y que, junto con los restantes de la familia, «nos bañamos todos los días en el mar». Los más jóvenes dicen que los nuestros «son días gallegos, que levantan».

Mercadillo y hospital

«A cada uno que llega se le hace sitio, nos adaptamos», afirma el cabeza de familia. Lo mismo pasa al revés. De hecho, la abuela agradecerá eternamente a estas tierras su curación. Más concretamente, al hospital de Cee, Virxe da Xunqueira. «Hace dos -explica- años tuve un dolor de hígado, no daban cinco céntimos por mí. En ese hospital me operaron, y salí adelante, con muchas ganas de vivir. Todavía hoy me emociono». Regresaban a Madrid «con toda la pena del corazón» ayer mismo. Eso sí, con más ropa, explica Solana, «porque a todos les encantan los mercadillos de Camariñas». Cuando parten de la capital, dice la abuela, «parecen de circo» y, cuando vuelven, por lo menos, de cine.