Una vuelta en los clásicos

Harry Dorial redac.carballo@lavoz.es

CARBALLO

Lo de que hay que volver a los clásicos lo llevamos escuchando de siempre. De hecho, hasta juraría que esta frase es un clásico en sí misma, que en la lectura logró su cénit (bueno, creo, de esto no sé mucho) con el Por qué leer los clásicos de Italo Calvino, un libro estupendo para poner en la estantería como hicimos algunos. No vamos a referirnos aquí, en cualquier caso, a esos clásicos. De hacerlo, les llevaría modestamente por la senda de Pondal (una guía geográfica y literaria de la Costa da Morte), de Abente , de su familiar paraguayo, de Zapata , de Labarta ...

No, hoy hablamos de una vuelta en los clásicos. Primer, por tierra. Hubo una el domingo de coches. Estaban junto a la gasolinera de Carrefour, tan bien aparcados que algunos coches que querían repostar tuvieron que esperar un poco. Ese mismo día, un poco más tarde, en la Xuntanza Cabalar de Baíñas se pudo ver un coche aún más antiguo que las joyas coristanquesas. Imagínense: lo tiraba un brioso corcel. Paseó, como el resto de jinetes, por las calles de la localidad. En uno de esos paseos cazamos (es un decir), al párroco, el joven Manuel Mayo Romarís, sentado en la parte delantera, y al alcalde, Alejandro Rodríguez , de pie y detrás. El poder civil y el religioso. Militar no, porque no había, aunque ya lo veremos en los desfiles de infantería de marina de la Festa da Pataca de Coristanco (como lo leen).

En la Xuntanza Cabalar hubo una brillante participación. Tanta, que hasta sorprendió a los organizadores. La gente se lo tomó muy en serio, que es como hay que tomarse estas cosas. Incluso en la vestimenta. Ahí tienen el ejemplo de la amazona Flora Pérez , valdeorresa casada con uno de Baíñas, vestida para la ocasión con un cierto toque andaluz.

Así es como tendría que haber ido Alejandro. En plan rejoneador y con capote. Para la próxima, alcalde.

Para clásico, el barco que ayer atracó en Muxía. El Victoria Golden Hind. Lo de Golden Hind (en español, la cierva dorada) tiene su aquel. El original, un galeón, había sido capitaneado por Francis Drake una temporada. En Londres (lo digo por si les coincide), cerca de la Tate Modern, está varada una réplica muy hermosa, incluso para los que nos hacemos un lío con babor y estribor. Contaba ayer Daniel Bleaney, australiano, uno de los seis miembros de la tripulación (de entre 19 y 60 años), que el barco es una réplica del siglo XVI. No alcanza mi memoria a asegurar que lo sea del Hind original, pero igual sí. Como solemos decir, polo menos ten un aire. El viaje es más o menos una aventura. Salieron de Polonia hace un mes, estuvieron en A Coruña, en Muxía se quedan hasta mañana (a ver), pondrán proa después hacia Canarias y, después, Montevideo y otros puertos sudamericanos. Entre pitos y flautas, olas y mareas, navegarán unos nueve meses. Daniel, hombre de nuestras antípodas, reconocía que sabía de la existencia de la Costa da Morte, pero que la conocía poco. Sí dijo es que el paisaje le gusta mucho, sobre todo las playas. Las de babor y las de estribor.

De los clásico, a la actualidad, para acabar. El alcalde, José Manuel López Varela, recibió ayer a los entrenadores y deportistas del Club Sal de salvamento y socorrismo, que compitieron recientemente en los campeonatos gallegos de la especialidad, en Marín y A Pobra do Caramiñal. Lo hicieron muy bien, y el regidor les felicitó por ello.