Querido defraudador: Hola, soy el impuesto que no has pagado. ¿Te acuerdas de mí? ¿Recuerdas que no hiciste la declaración de la renta y no pagaste los impuestos que debías? Pues esto es lo que ocurre: tú sales enfadado de casa por el ruido que hacen los obreros de al lado cuando te tropiezas con la acera, que también está en obras porque no hay dinero para arreglarla. Te gustaría ir al hospital, pero el hospital no dispone de servicios suficientes para atender enfermos. ¿Qué harás? Y no es solo esto, si no pagas los impuestos tampoco habrá colegios, ni parques ni piscinas públicas, ni ayuntamiento, ni calles, en resumen: nada. Y la gente que sí paga está en las mismas condiciones que tú. Y recuerda: si tu pagas, todos ganan, pero si tu no pagas, nadie cobra. Alicia Pérez. ceip Eusebio da guarda.