Los cuatro integrantes de la familia Campaña Carril detenidos por presunto uso de explosivos esperan, dice uno de los hermanos, el juicio que limpie sus nombres
18 ene 2009 . Actualizado a las 02:00 h.El 19 de septiembre del 2007 una noticia corría como la pólvora por Camariñas. «Detiveron aos de Lin» se repetía en cada esquina. Tres hermanos de una misma familia y la novia de uno de ellos acabaron ese día durmiendo en el cuartel. Y solo sería el principio de un largo periplo.
Con un importante despliegue, la Guardia Civil y agentes de la Policía Judicial tomaban, por la mañana, Camariñas para llevarse a los propietarios de dos pesqueros, el Manuel de Lin y el Lago II . En un local propiedad de la familia los agentes encontraron más de un centenar de elementos explosivos y varios detonadores. Era, se les acusó, para prácticas ilegales de pesca. Allí había, sobre todo, bombas de palenque y cierta cantidad de un explosivo de uso industrial. A la Guardia Civil le bastó y al juez de Corcubión, también. Un día después de su detención comparecían en los Juzgados y de allí salían, sin fianza, rumbo a Teixeiro, Manuel, Carlos y Felipe Campaña Carril. La novia de Felipe, Chabeli Campaña, quedaría en libertad tras depositar una fianza de 6.000 euros.
Denuncias previas
Nunca se había visto nada igual. Hacía años que varias cofradías apuntaban a distintos puertos gallegos como bases de una flota, formada por barcos de cerco, que empleaba dinamita para pescar, hubo denuncias, pero hasta entonces, la condena de esa práctica en el mar había quedado en una especia de limbo administrativo sin pruebas y en declaraciones institucionales que condenaban su uso. En los últimos años se habían decomisado varios cartuchos y había caído alguna multa, en las Rías Baixas, con retirada de licencia, pero nunca antes algo como lo de Camariñas.
Los tres jóvenes acabaron en Teixeiro y los vecinos torcieron el gesto. Os de Lin eran una familia conocida y apreciada en la localidad, trabajadores del mar, que nunca se habían metido en líos, y para muchos camariñáns, su envío a prisión era demasiado.
Antes de la operación que culminó con su arresto, la Guardia Civil ya había dado indicios suficientes de su intención de atajar la pesca ilegal en la localidad. Los agentes se habían pasado ya por el puerto a registrar varias embarcaciones, con perros especializados incluidos, al más puro estilo de una operación antiterrorista. No encontraron nada en los barcos, ni entonces ni tras la detención de la familia, pero lo hallado en tierra fue suficiente.
Algunas cofradías celebraron entonces el resultado del operativo, pero la mayoría guardó silencio y pasó de puntillas sobre un tema que casi nadie quería comentar. Muchos, se supone, pusieron las barbas a remojar y algunos, seguro, se deshizo de su pirotecnia para evitar males mayores.
El encarcelamiento de los tres hermanos dio lugar a movilizaciones en Camariñas. Sería la Audiencia Provincial de A Coruña la que aceptaría los argumentos del abogado, Antonio Platas, y dejaría sueltos, con fianza, el 15 de noviembre, a los camariñáns, recibidos ese día como héroes por sus vecinos.
La acción de la justicia no fue la única que se puso en marcha en el caso del presunto uso de los explosivos. La Consellería de Pesca, que siempre negó afanes ejemplarizantes, abrió su propio proceso administrativo, aseguró mano dura sin reservas contra los que incumplieran las normas y retiró la licencia para faenar a los dos barcos propiedad de los Campaña Carril. Todo ello mientras en diciembre del 2007 Pesca retiraba la licencia a un tercer barco camariñán, sospechoso de emplear los mismos métodos. El Gallego José se quedaba unos días en puerto a instancias de la Xunta.
Los Campaña nunca aceptaron las acusaciones. Negaron haber empleado explosivos y también que los hallados fueran suyos. Su abogado recordó entonces que jamás se había detectado rastro alguno en los barcos y que tampoco los datos de capturas ni el estado del pescado subastado hacían pensar en esa posibilidad.
También cargó contra la Xunta por haber efectuado un juicio paralelo al del Juzgado de Corcubión a los tres marineros. Recurrió la sanción administrativa y la retirada de la licencia. El caso llegó al TSXG, que dio la razón a los de Camariñas. En mayo del año pasado, siete meses después de la detención, lograban los permisos para volver al mar.
«O que queremos é que todo isto acabe canto antes, se celebre o xuízo para estar tranquilos por fin», comentaba esta semana Juan Esteban Campaña Carril, otro de los hermanos.
Los barcos siguen pescando desde que obtuvieron los permisos correspondientes y en ellos trabajan todos los marineros que antes de la operación policial faenaban en ellos. Todos menos uno, que pidió marcharse y se buscó otro empleo. Finalmente, incluso ese volvió a pedir enrolarse de nuevo en los barcos de los Lin.
Sin fecha
Nada saben, explica Juan Esteban, de fechas. El juicio puede celebrarse dentro de un año, dos o tres. O los que sean. El sistema judicial, se sabe, no se caracteriza por su agilidad. Habrá que esperar a ese momento para saber si los jueces consideran culpables o no a los tres hermanos, acusados, además de un delito ecológico, de tenencia ilícita de explosivos.
Inocentes o culpables, lo cierto es que la mano dura de la Administración parece haber tenido su efecto disuasorio. O eso o quienes emplean malas artes han extremado la precauciones. Desde la detención de Os de Lin, no volvieron a sonar acusaciones desde los pósitos y tampoco se han abierto nuevos expedientes. Tal vez quienes aún no lo habían hecho se han dado cuenta de que pasar una temporada a la sombra con la posibilidad añadida de arruinarse la vida no compensa la captura de unas cuantas cajas más de sardina.