Toda la vida ligados a la madera

CARBALLO

Manuel empezó a trabajar siendo un niño como carpintero y supo transmitir a sus dos hijos el amor por una profesión con la que siguen en la actualidad

28 sep 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

El camariñán Manuel Antonio Mas Sanluis no solo heredó el nombre de su padre y de su abuelo. De ellos, además, adquirió la pasión por la carpintería, una profesión en la que comenzó «sendo moi pequeno». Tan pequeño que incluso le cuesta recordar a qué edad empezó a trabajar de forma oficial. «Supoño que sería aos 16», confiesa tras darle un montón de vueltas.

Como Javier, su hermano pequeño, Manuel acudía al taller de su padre nada más salir del colegio «para axudar en todo o que podiamos». Ya entonces le gustaba la profesión, pero, como todos los chavales, prefería quedarse a jugar con los amigos. «O meu pai reñía moito con nós porque en vez de ir directos para o taller intentabamos escaquearnos. Eramos rapaces e preferiamos quedar na rúa xogando ao fútbol cos amigos. Tardabamos en chegar e, claro, caía a bronca. Case que era diaria», recuerda con cariño.

«Algo sempre hai que rifar, porque os rapaces sempre son revirados. A min tampouco me gustaba ir traballar cando era pequeno, pero que remedio tiña», confirma Manuel padre.

Pese a las regañinas paternas, Mas Farto siempre fue para sus hijos «un bo xefe». De él y de su hermano Jesús, con el que montó la carpintería, aprendieron Javier y Manuel todo lo que saben. «Levábase moi ben traballar con el e era moi doado aprender a facer as cousas», dice Javier, quien asegura que jamás pensó en dedicarse a otra cosa. Tampoco su hermano mayor, quien sigue a muy a gusto en su trabajo a pesar de ser el único de los tres que se ha llevado un buen susto utilizando la maquinaria del taller. «No 97 cortei parte dun dedo e levei un bo disgusto», explica Manuel. Fue justo al año siguiente de que Manuel padre se retirase y dejase el negocio en manos de sus dos hijos.

«Papá segue a vir pola carpintería, sobre todo polas mañáns e cando nós saímos a traballar. Encárgase de recoller os pedidos ou de abrir aos camións que traen o material», dice su hijo mayor. «Os primeiros anos que estivo xubilado non saía do taller, era o primeiro en chegar e seguía a facer cousas», confirma Javier.

«Gustábame moito o traballo», se justifica el padre, quien, como sus hijos, comenzó a trabajar la madera por tradición familiar. «O meu pai traballaba na fábrica -Cerdeimar- e alí fun eu tamén», recuerda Manuel Mas Farto. Con el aprendió a construir chalanas, «que era o que se facía entón. Y era él el que elegía la madera: «Había que ir buscar madeiros longos, de máis de sete metros», explica. Más tarde, «fai máis de coarenta anos», montó la carpintería de la que hoy se ocupan sus dos «rapaces».

Su arte de hacer chalanas pasó a sus hijos, que continúan ligados al mar, pero mucho menos. «Agora facemos de todo, houbo que adaptarse aos tempos, porque o da pesca foi a menos. Aínda facemos algunha barca e tamén traballamos en barcos máis grandes, pero, sobre todo, estamos ligados á construción», explica Manuel (hijo), quien asegura que, de momento, «hai traballo». Y precisamente de trabajo la familia Mas sabe mucho. Tanto que ninguno de los tres recuerda con exactitud cuándo cogieron por primera vez una herramienta.