Las caras de la vida del carnaval


Es conocida una frase de Shakespeare puesta en boca del Macbeth , el rey de Escocia, esa tragedia de ambiciones, dolores y traiciones. Ya en el tramo final, dice: «La vida es un cuento narrado por un idiota, lleno de sonido y de furia que no significa nada». Y dirán ustedes: ¿Pero a qué rayos viene esto, si la página trae a gente disfrazada? Viene a que, no sé por qué, la frase me llama al recordar otra casi creada para el caso: La vida es una carnaval. La de Celia Cruz: «No hay que llorar/ que la vida es un carnaval/ y las penas se van cantando». Mezclen las dos, el drama épico y el ritmo de la inmortal cubana del ¡Azúcar ,! y sale sabrosón lo que es la fiesta de estos días, el entroido. La fiesta que ya se acaba, que se va, y de la que, como siempre, solo quedarán recuerdos personales y caras, muchas caras.

No me iré sin decir que el carnaval ya no es lo que era en ninguna parte, aunque esto de «ya no es lo que era» suena tan manido por valer para cualquier aspecto de la vida, que devalúa inevitablemente aquello que se pretende valorar. Pero, no, no lo es. Antes, la diversión era coto privado de unos pocos, y la veda se abría para los muchos en escasas fechas. Estas, y pocas fiestas más. Ahora, habiendo salud, cualquiera se divierte en cualquier momento.

En Fisterra estábamos. Festival cien por ciento, frío natural de primera calidad, plaza a tope. El equipo de gobierno, en primera línea, disfrazado de pirata. No sé yo qué amigo habrá recomendado tal cosa. Uno del Caribe, supongo. Ganaron los Xaramiños. Qué hermosa palabra: Xaramiño. He temido que remar en las letras de Vogar de couse , el poemario del local Alexandre Nerium , para recuperarla como vocablo marino. Como los ferretes , la arnela o la fogada . No sé que son. A mí que me pregunten las buceiras , las chavellas o los enciños . Palabras así son la toponimia de la vida privada que se fue.

Los Xaramiños cantaron el Cabaret . Espectaculares. Por eso ganaron. Fue la canción, lo de que las penas se van cantando. Quedó segundo el Aladín de Roberto Traba , lo de que la vida es un cuento. Y personajes de cuento pasaron por todas las calles de la Costa da Morte. De cuentos buenos y de miedo. Hubo muchos demonios, será que están de moda. Aunque yo creo que, para demonio, la desaceleración económica. Pero de eso no vi a nadie. Habré salido poco.

Esto no es carnavalero, pero algo de héroes caídos a lo Macbeth sí que tiene. Esta semana se celebró en Camelle una misa en memoria del que fue conselleiro de Política Territorial y secretario general del PP, Xosé Cuíña . Solo asistieron marineros y armadores y vecinos particulares. Aquellos políticos que lo llenaban a loas, nada. Ni uno. ¡Ah, Shakespeare, listo que eras!

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