Este concello, más conocido por sus atractivos marítimos, alberga en su interior interesantes valores patrimoniales
31 dic 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Pilar Prego En el interior de un concello costero como Laxe se encuentra una aldea que mantiene el encanto de un enclave rural.
Este núcleo llama la atención por el mantenimiento, en relativo buen estado, de muchas de sus casas tradicionales. La piedra y la madera que las componen encontraron, en muchos casos, una nueva vida gracias a la labor, más de mantenimiento que de rehabilitación, realizada por sus vecinos.
Las calles en la aldea mantienen el entramado irregular que lleva a subir y a bajar unas cuentas veces para cerciorarse bien de la posición en la que se encuentra uno. Esta rápida visual, calle arriba calle abajo, lleva a retener en la retina la existencia de nuevas construcciones en convivencia con la mayoría de casas antiguas. Esta visual también sirve para detener la vista en la pequeña capilla que se encuentra nada más llegar a la aldea, una estampa llamativa por el nuevo uso que ha adquirido el antiguo espacio de culto, convertido ahora en un alpendre para almacenar leña.
En O Aplazadoiro «pode haber un total de vinte casas», contesta la señora Elvira, una vecina que con la frase «esta aldea era moi alegre» alude a la actual situación de falta de niños en el núcleo.
Señalando su propia casa, en la que es apreciable una restauración reciente, se puede comprobar la existencia de un escudo donde aparecen la sirena de los Mariño, los lobos y la estrella perteneciente a los Lobera, además de los escaques de los Bermúdez, los roeles de los Castros y el estandarte de los Villardefrancos. Esta casa según Carlos Martínez Barbeito en su libro Torre, pazos y linajes de la provincia de la Coruña la califica de «muy antigua y no es fácil de determinar cuándo ni por quién fue edificada. Desde luego, la alzó alguien que provenía de Ruy Soga de Lobera y de Leonor González». La señora Elvira no iba desencaminada al denominar la casa como «a do marqués».
Muestra de ello también son las construcciones aledañas que en su día pertenecieron al conjunto del caserón, lo mismo que la capilla que aún conserva el escudo de armas.