El rodaje de Rafael, nueva cinta de Xavier Bermúdez, revolucionó ayer los Baños Vellos de Carballo
27 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.El balneario Baños Vellos era ayer en Carballo un punto de continuas idas y venidas, de nervios y sorpresas. Los turistas que se acercaban al hotel se encontraron con la sorpresa de un montón de gente que parecía de todo menos de vacaciones.
La respuesta a todo se encontraba en la persona de Xavier Bermúdez que, tras la experiencia de hace 10 años en el rodaje de Nena, vuelve a la localidad para rodar varias escenas de su nuevo largometraje Rafael.
Durante la mañana, las localizaciones se concentraron en la primera planta, en una parte del comedor habilitada a tal efecto. Aunque, con respecto al metraje original, se encuentran bastante avanzados, los retrasos sufridos en la jornada hacían aflorar los primeros nervios pasado el mediodía.
Mientras los miembros de producción, con los walkie-talkies a cuestas en todo momento, nos advertían de la escasez de tiempo, un nuevo problema se cernía sobre el rodaje. Los miembros de la cocina empezaban a impacientarse, ya que a las 13.30 tenían prevista una comida para 150 personas y el equipo tenía que dejar la sala tal y como se la había encontrado.
Por su parte, Xavier Bermúdez y el equipo de realización, ajenos a toda la situación, realizaban los ajustes finales para rodar las últimas tomas en ese escenario.
Los técnicos de iluminación se afanaban en controlar el exceso de luz exterior para que esta no estropeara el aspecto lumínico conseguido hasta el momento. Por su parte, el director y los operarios de cámara se ocupaban de los últimos ajustes técnicos, ultimando los tipos de plano, angulaciones, profundidad de campo... Mientras, la script comprobaba que la colocación de todos los objetos fuera la correcta, recurriendo incluso a la cinta métrica, para evitar los errores de raccord.
Una vez todo estuvo correcto, el ayudante de dirección pidió silencio a todos los presentes. Después el microfonista colocó la pértiga en su lugar, la claqueta cayó, y el director dijo las palabras mágicas: «Acción».
La toma no pareció convencerle, ya que rodó otras dos más antes de dar el visto bueno a la interpretación de su protagonista, Manuel Cortés. Cuando estuvo satisfecho, todo el equipo comenzó a recoger y trasladar el equipo a la planta baja.
Otra vez el suelo se llenó de carreras para llevar el delicado material hasta la entrada del edificio, donde se rodaba una escena diferente. Entre carrera y carrera, director y protagonista tuvieron la deferencia de atender a nuestros compañeros de Radio Voz. Después, otra vez a rodar. De nuevo tocaba revisar las distancias, situar en el suelo las marcas para que los actores no quedaran fuera de plano.
Las prisas comenzaban a hacer mella en un equipo, al que le quedaban muchas horas al pie del cañón. Lentamente dijimos adiós a un rodaje muy alejado del glamour de Hollywood que más parecía una reunión de amigos en torno a una cámara.