Los vecinos de la central térmica de Meirama (Cerceda) y los que residen cerca?de Unemsa (Coristanco) sufren las peores consecuencias de la industrialización
02 sep 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Los vecinos de A Lousa (Encrobas-Cerceda), y en general todos aquellos que viven cerca de la central térmica de Meirama, sufren desde hace casi 30 años los efectos contaminantes del carbón que procede de la mina de Limeisa y que queman en la factoría de Unión Fenosa. En 1982, justo dos años después de la inauguración de la central, presentaron la primera denuncia, y a esta primera queja siguieron muchísimas más «polas condicións hixiénico-sanitarias a que está exposta a poboación por po de carbón, ruídos, explosións, corrimentos de terras, contaminación de alimentos e acuíferos...» y un largo etcétera que los lugareños se han cansado ya de enumerar.
A los problemas de la carbonilla se ha unido recientemente una lluvia de piedrecillas blancas procedentes de la enorme chimenea de la central térmica. Los análisis aseguran que se trata de un residuo que contiene de todo, incluidos azufre, titanio y estroncio. Un peligro medioambiental que tiñe sus huertas de blanco y que las Administraciones han llegado a calificar como «hechos puntuais».
Los habitantes de las 22 casas que conforman la aldea de A Lousa saben que los responsables de Unión Fenosa, del Concello de Cerceda y de la Xunta conocen sus problemas, pero, por razones que desconocen pero pueden llegar a sospechar, todos han hecho oídos sordos a su situación. Por eso, a principios de este año decidieron tomar medidas drásticas, durante varias horas retuvieron a tres empleados de la mina y consiguieron -con denuncia de la Guardia Civil de por medio- llamar la atención de todos los medios de comunicación. Fue el 2 de febrero y al día siguiente nació la asociación A Outra Cerceda, una entidad vecinal que sigue luchando para acabar con los continuos problemas de contaminación que sufren en el lugar. Quieren que las autoridades escuchen sus quejas y, sobre todo, quieren poder seguir viviendo en el lugar que habitaban antes de la llegada de la mina y de la central. Ni siquiera el cierre del yacimiento de Meirama, previsto para finales de este año, les garantizará el fin de la lluvia de carbón, ya que el combustible cercedense será sustituido por otro de importación, «moito máis contaminante».
Ruido y serrín
Los vecinos de A Lousa no son los únicos de la comarca que sufren las consecuencias de la industrialización. A apenas treinta kilómetros de distancia de Cerceda, en las parroquias de Erbecedo (Coristanco) y Rus (Carballo), aquellos que viven cerca de la factoría maderera de Unemsa viven a diario una lucha continua contra el serrín.
Los restos de la madera se cuelan por las rendijas más pequeñas y hace ya muchos años que evitan dejar sus coches aparcados en el exterior para que éstos no amanezcan cubiertos con una fina capa de madera. «Non podemos ter as ventanas abertas e, ás veces, tamén cheira a plástico quemado», explica una vecina, quien asegura que lo peor es el ruido. «Traballan día e noite, e o ruído é continuo. Témolo tan metido na cabeza que en ocasións non somos nin conscientes», dice, mientras recuerda que «houbo un tempo no que tamén provocaban grietas nas casas».
Ahora no hay grietas, pero en algunas puertas y ventanas se ven obligados a colocar topes para evitar que golpeen continuamente. Sí sufren, todas las noches, el pitido insistente de uno de los vehículos que utilizan en la factoría. Cuando la máquina da marcha atrás, ésta pita, «e anda para adiante e para atrás continuamente».
Estas molestias son las que sufren también los niños del colegio de Erbecedo, construido a muy pocos metros de Unemsa. El patio exterior está siempre cubierto de de serrín «e o porteiro ten que varrer a entrada todos os días varias veces».
Las quejas vecinales han sido también continuas, pero las soluciones, pocas o nulas. «Cando nos queixamos parece que o controlan un pouco máis, pero aínda así é abusivo», dice una vecina, quien se queja de que la única medida que han tomado hasta ahora fuese «prantar eucaliptos para que non os vexamos, pero eses árbores estropearon todas as hortas cercanas».
Piden, como los de A Lousa, un mayor control por parte de las Administraciones. «As industrias ten que habelas, pero con control», concluyen.