ARA SOLIS | O |
22 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.LA POLÍTICA debería ser un bello ejercicio pasional, de esos en los que la gente se enfrenta porque cree firmemente que las ideas que defiende son las mejores para sus vecinos. Debería ser un duelo limpio en el que los adversarios desgranaran argumentos, expusieran sus formas de actuar, sus objetivos, en los que cada uno pudiese transmitir cómo es el pueblo que ellos quieren. Sin embargo la cosa no es exactamente así. Los programas se reducen, casi siempre, a listados de obras que, muchas veces, son las mismas, y el debate político cojea del pie de los ataques personales, bien sucios, como quien quiere ser el primer en la meta poniendo a los demás la zancadilla. Son muchos los que viven estos días con una tensión anormal. Exasperados, irritables, enfadados con el mundo. Son más aún los que ven fantasmas donde no los hay, y se inventan complots de los que ellos -ganas de algunos de mirarse el ombligo- son las víctimas. Uno querría ver que entre quienes aspiran a decidir el futuro de lo público hay diferencias, pero relaciones sanas. Y no es así. Los hay que pelean por el puesto como si les fuese la vida en ello. Y lo malo es que sí les va. La vida y las lentejas.