ARA SOLIS | O |
27 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.POCAS COSAS hay en esta comarca tan lamentables y, a la vez, ridículas, como la situación del dolmen de Dombate. El problema no es tanto la posibilidad de que termine destruida una construcción más antigua que las pirámides de Egipto, sino la evidencia de que la Diputación es incapaz de gestionar un proyecto que hasta el momento le ha costado 18 años de trámites y de que a Patrimonio le puede la soberbia del que se cree en posesión de la verdad y quiere imponérsela a los demás. Tras años de espera para ver la recuperación del dolmen más emblemático de Galicia, queda de manifiesto que el futuro del megalito o no importa o importa demasiado, lo que paraliza la gestión por desidia o por puro miedo. El cúmulo de despropósitos que han acompañado al dolmen en su historia más reciente sólo puede entenderse por el hecho de encontrarnos ante un monumento único que exige, además una solución única. Ahí es donde entra la debilidad humana, el temor y la soberbia. Las instituciones deben dar soluciones a los problemas de los administrados y Dombate no sólo es patrimonio de todos los gallegos, sino que además su situación es alarmante, pero peor que eso es la sensación de que Xunta y Diputación juegan con el futuro del megalito en una disputa incomprensible y absurda, en una historia como la del perro del hortelano. El caso es que Dombate sigue ahí. Desde que está con las tripas al aire ha visto conocido a cuatro presidentes de la Diputación, tres de la Xunta y cuatro alcaldes de Cabana. Hace 18 años que se le puso una cubierta provisional y sigue con ella. La novedad es que ahora todos los gallegos pueden acercarse al yacimiento los fines de semana y comprobar que triste es que ni la Xunta de Galicia ni la Diputación de A Coruña sean capaces de ponerse de acuerdo en algo tan elemental como la recuperación del dolmen de Dombate.