El misterio de san Guillermo

Pilar Prego CARBALLO

CARBALLO

Reportaje | Patrimonio de la Costa da Morte Son muy pocos los restos que se conservan de la antigua capilla construida en el Cabo de Fisterra por el enigmático ermitaño, y que la asociación de vecinos pretende recuperar

20 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

Fisterra es un lugar de emblemas, de recuerdos imaginados sin la necesidad de haber estado allí. Su cabo le ha otorgado gran parte de su fama, concretada de manera secular en su topónimo, el más claro exponente de los límites de un imperio. Lo mismo que su Cristo, protector de sus gentes y anfitrión de miles de peregrinos a lo largo de los siglos. Lo inexplicablemente milagroso ha convivido aquí con los más trágicos episodios vinculados inevitablemente con su mar, el mismo que despertó admiración y terror, a partes iguales, a los romanos que vieron caer en él al más candente de los astros. En medio de toda esta leyenda, que ha impreso un distintivo de identidad propio, se esconden en lo alto de sus montes otros tesoros que fueron en otro tiempo objetivo de meta y culto. Ahora, una reciente reivindicación de la asociación de vecinos de Fisterra ha puesto encima de la mesa la recuperación de un emblema legendario de la villa. A principios de año fue su presidente, José Fernando Carrillo, en nombre de la citada asociación, quien presentó en el Concello la solicitud de recuperación de la ermita de san Guillermo. Hoy siguen siendo un buen número de visitantes los que ascienden al monte para ver las ruinas de la ermita, vinculada a un personaje de perfil cuanto menos misterioso. De nombre san Guillermo, su identidad sigue siendo una incógnita. Caballero, monje, ermitaño, hay quien lo vincula a la figura del último duque de Aquitania. La huella de este personaje quedó marcada en Fisterra en forma de ermita, de la que se pueden intuir hoy el perímetro que cerraba el espacio junto con la presencia de una gran mole pétrea que debió ser aprovechada en su día como cabecera del edificio. Pocos vestigios quedan de una arquitectura medieval, quizás vinculada por su emplazamiento al control de cultos paganos muy enraizados en este noroeste peninsular. Como la hipótesis que apunta Fernando Carrillo al relacionarlo con la «ocupación de un monje y que posteriormente fue sustituido por otros, procedentes del monasterio de Toxosoutos, pues el monte del Cabo perteneció a este monasterio hasta que más tarde pasó a depender de Sobrado dos Monxes», dice. De manera casi providencial, este Guillermo fue convertido en santo a su muerte. Tanta era su fama que en el siglo XIV el caballero Jorge Grissaphan informa en sus Visiones Goergii que después de peregrinar a Compostela, decidió acercarse hasta aquí en busca de «un lugar muy solitario y desierto, y apartado notablemente de los hombres y sus viviendas, situado entre montes altísimos que casi nadie frecuentaba». Pero lo que encontró no fue eso, sino un lugar muy concurrido por gentes movidas por algún tipo de propósito. A través de éste y otros relatos sabemos de la presencia del cuerpo del santo enterrado en una sepultura de piedra en la ermita. Piedra ¿mágica? Este enclave conservó hasta hace poco tiempo creencias y prácticas seculares muy enraizadas con el carácter naturalista existente antes de la llegada de los romanos. La tumba, piedra, sarcófago o cama do santo, lugar donde supuestamente habitó el cuerpo inerte de san Guillermo, fue adoptado por las gentes como reducto de superstición traducido en esperanza por alcanzar una descendencia que difícilmente llegaba. El padre Sarmiento así lo recoge: «Había una pila o cama de piedra, en la cual se echaban marido y mujer que, por estériles, recurrían al santo y a aquella ermita y allí delante del santo engendraban». A los pies de la ermita existe hoy una piedra con reminiscencias de tumba, trabajada y excavada en su interior. No se sabe su cronología ni si es la misma a la que hacen referencia autores como Sarmiento, que ya a partir del siglo XVIII atestiguan una práctica vinculada al poder fertilizante de la piedra. Es frecuente encontrar en Galicia ritos, prácticas, creencias vinculadas con la piedra, cargadas de simbolismo y poder. La de san Guillermo no deja de ser una muestra más de la riqueza etnográfica existente en nuestro finisterre peninsular. Acción Son pocos los vestigios, pero muchas las lagunas, que rodean a este edificio y su historia. La iniciativa de recuperación propuesta de la asociación de vecinos de Fisterra, se basa «en un estudio arqueológico y especializado del lugar», según explica el presidente de la entidad, algo que sin duda puede arrojar luz a los entresijos de una historia tejida con hilos demasiado finos. Pese a que son abundantes los visitantes que deciden hacer turismo de aventura para acceder al lugar, entre las propuestas de la asociación está «la colocación de una señalización adecuada, como señales de piedra duraderas y que estén de acuerdo con el entorno», apunta Carrillo Ugarte. Esta iniciativa, de llevarse a cabo, puede contribuir a extender la oferta turística del lugar, porque si de algo dispone Fisterra es de recursos. Quizás la magia esté en saber aprovecharlos.