Una hora atascado

Alberto Mahía A CORUÑA

CARBALLO

En directo | De Santa Cruz a A Coruña Un periodista de La Voz padeció ayer el gigantesco atasco que se forma todos los jueves entre las 8.30 y las 9.30 de la mañana. Recorrer cinco kilómetros supone una hora

30 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

El cronista viaja mucho por el área metropolitana, de ahí que suela tomar la precaución de llevar una tarta en el coche por si el cumpleaños lo coge en un atasco. Estoy en Santa Cruz y me dirijo en humilde utilitario al centro de A Coruña. Faltan veinte minutos para las nueve de la mañana y cinco kilómetros más adelante, en A Pasaxe, 56 mariscadores y mariscadoras me van a dar la mañana. Cortan el tráfico para chinchar a los políticos. Pero a mi alrededor no hay ni uno. El cronista podría buscar un atajo. Uno puede evitar el puente por carreteras abovedadas de roble, sólo habitadas por el mirlo y por caminos retorcidos como la vena de un bisté hasta alcanzar la Nacional VI, que es como salir de Guatemala y meterse en Guatepeor, pues pretender llegar a la Costa da Tapia y luego tomar la autopista es de locos. Así que, de perdidos al río y me pongo en marcha. Salgo de Santa Cruz y la carretera es mía. Está desierta hasta llegar a Bastiagueiro porque la gran mayoría de los vecinos de estas zonas ya tienen callo y saben que los jueves hay que levantarse media hora antes porque el corte de A Pasaxe ya se ha vuelto costumbre. Pero aún quedan muchos que no aprenden. Giros prohibidos Durante 30 segundos soy el último del atasco. Luego vendrían muchos más. La cola se mueve menos que el caballo de Foto Paco. Muchos de los que me preceden, con la paciencia agotada, dan la vuelta en un giro prohibido que de verlos la Guardia Civil -difícil, pues todos los agentes están en el puente- les quitarían un par de puntos. A estas alturas, uno no sabe si llamar al trabajo para decir que llegarás tarde o pedir una baja. Parado, con el coche apagado en la flamante rotonda de Bastiagueiro, escucho la radio. El programa Voces de A Coruña abre los teléfonos a los atascados. Pablo Portabales los escucha. Una mujer acosada por los gritos de los niños que llevaba al colegio se quejaba del corte pero le daba la razón a las mariscadoras. Decía que «ante la insensibilización de los políticos, a veces no queda otro remedio que tomar medidas de este tipo». Otros oyentes piden a los manifestantes que se vayan a Santiago a cortar el tráfico y allí exigir a las autoridades autonómicas que muevan el trasero. Pero el que no se mueve es el mío. La radio me entretiene durante la media hora que estuve parado. A derecha e izquierda veo hasta cuatro carteles con la misma inscripción: «Piso piloto, visítelo». Pienso: «Sí, sí, en pilotos se convertirán todos éstos si se vienen a vivir aquí». Embudo El atasco, tras cuarenta minutos sin desplazarme ni un metro, se vuelve un cólico de riñón. Finalmente, observo que los coches comienzan a avanzar. Poco a poco, pues todavía hay que pasar por el embudo de Santa Cristina. Por fin llego a A Coruña. 56 minutos después, como 56 son los mariscadores que cortan el tráfico. Así es circular por el área metropolitana coruñesa, un lugar de unos 100.000 habitantes a ambos lados de los atascos.