ARA SOLIS | O |

22 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

NO ENTIENDO por qué la gente tiene tanto miedo a decir lo que piensa. No sé a quién quieren evitar ofender, sobre todo cuando no dudan en soltar sapos y culebras si saben que no se conocerá su nombre. No entiendo, por ejemplo, porque sólo unos pocos se atreven a poner su nombre real en las encuestas que hace la edición digital de La Voz de Galicia. La mayoría dice, estemos o no de acuerdo, cosas coherentes y aunque no fuese así, no habría ningún problema, porque se trata de un foro de opinión en el que todo el mundo puede escribir lo que le dé la gana. ¿A qué tienen miedo? ¿Por qué tirar la piedra y esconder la mano? ¿Acaso puede haber represalias? ¿O es que ellos las tomarían si fuesen criticados libremente? Quizás no se dan cuenta de que con seudónimos sus opiniones pierden fuerza, porque al leerlas, al menos a mí me pasa, hay quien pensará que si no se atreve a dar la cara por sus palabras es que éstas no valen nada. O tal vez pensemos que son siempre los mismos los que opinan, pero, para que parezca que tienen más o menos razón, dicen lo mismo una y otra vez con otras palabras y otros nombres. ¿Qué valor puede tener la opinión de quien se esconde detrás de un seudónimo? Francamente, es una pena que en temas tan importantes como el famoso párking de Carballo o los presupuestos de la Xunta, sólo unos pocos tengan el valor de firmar lo que piensan, que no duden en dar la cara, que no tengan problemas en reconocer que están a favor o en contra, que piensan como los que mandan o totalmente lo contrario. Parece mentira que a estas alturas tengan que esconderse detrás de seudónimos ingeniosos -algunos- u ofensivos -muchos-. Sobre todo cuando, al final, casi todos son capaces leer entre líneas y saben perfectamente a quién pertenece cada idea.