ARA SOLIS | O |
15 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.HAY GENTE que tiene tanto arte que consigue que parezca que lo más difícil está chupao. A mí me ocurre siempre con aquellas cosas que jamás se me pasarían por la cabeza. Qué se yo, tirarse en parapente, por ejemplo. Me imagino rompiéndome, como mínimo, la cabeza, pero cuando veo a un experto en la materia parece que volar es lo más sencillo del mundo. O los surferos, que consiguen no sólo mantenerse en pie sobre una tabla, sino que también logran esquivar las olas y bailar con ellas sin que parezca ridículo. O esos que con tres trazos y dos rotuladores son capaces de crear un personaje o hacer una canción con una guitarra y dos minutos de inspiración. Hay gente que consigue que lo más difícil parezca fácil y eso siempre tiene su mérito. Sobre todo cuando son cosas que se aprenden con la edad, cuando uno ya es mayor y no tiene el cerebro moldeable de los niños. Esa conciencia de plastilina que permite aprender en un abrir y cerrar de ojos lo que a otros nos lleva años y años de estudio. Pasa con los idiomas, que los enanos aprenden con rapidez, mientras que los adultos tenemos que repetir mil veces los verbos irregulares para, al final, seguir diciéndolos mal. Los políticos también tienen la capacidad de hacer que lo más difícil parezca fácil. Basta con asistir a algún pleno para ver lo sencillo que es apropiarse de las ideas de los demás, discutir por las cosas más nimias -chorradas, sí, tonterías-, o seguir dándole vueltas al mismo tema durante años y años. A mí, francamente, me parece un arte que algunos sean capaces de continuar con la misma cantinela elección tras elección sin que nadie se dé cuenta. Y es meritorio que puedan discutir siempre sobre los mismos temas sin que los vecinos los manden a freír espárragos. Es la bomba que asfalten una y otra vez el mismo camino o también cientos de veces la misma bombilla. Y luego dicen que la política no es un arte.?