Los narcos y el bum inmobiliario

GABRIEL PÉREZ SUÁREZ

CARBALLO

ANA GARCÍA

TRIBUNA ABIERTA | O |

08 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

DICE UN viejo refrán: «Cuando las barbas de tu vecino veas rapar, pon las tuyas a remojar». ¿A cuento de qué viene esto?, se preguntarán algunos. Pues a propósito de una noticia publicada en La Voz, en la que, con título destacado, se decía: «Los narcos invierten en el bum inmobiliario de las Rías Baixas». Días antes leía que la Costa da Morte está en el punto de mira de los grandes tiburones inmobiliarios españoles. Nadie puede asegurar que el problema que tanto dañó a las Rías Baixas no llegue algún día -los primeros vestigios ya han aparecido- a producirse en la Costa da Morte. Las ingentes ganancias que genera el narcotráfico en algún sitio hai que emplearlas, y si además de lograr de esa forma su legalización se obtiene un lucrativo rendimiento, mucho mejor. Por lo tanto, no van muy desencaminados aquellos que a través de los medios nos informan a diario de que el dinero de la droga, el dinero del crimen, el dinero que arruina a muchas familias y enriquece a unas pocas, forme parte de la argamasa que ayude a levantar las urbanizaciones faraónicas que tanto pueden afear nuestro bello litoral. Desde estas líneas conmino a la Xunta y a la Fiscalía para que velen y se preocupen por evitar que la desmesurada avidez de los especuladores no distorsione nuestro hábitat. Hay que vigilar y perseguir a aquellos que valiéndose del cargo obtienen una información privilegiada, a veces dada por los alcaldes, para adquirir a bajo precio terrenos de labradío que en pocos días se convierten en suelo urbanizable con unos beneficios millonarios. De esto saben mucho los vecinos de Muxía, Fisterra y Cee. Es lógico que estas fraudulentas operaciones llenen de euros el bolsillo de alguno o algunos, es la nueva ladrillocracia ; pero de lo que no hay duda es de que encarece y enturbia la vida local de tal manera que van a ser pocos los nativos que, con su trabajo o sus ahorros, puedan hacerse con un reducido apartamento. La vida, el alma y la belleza de nuestros pueblos no se puede dejar colonizar por un urbanismo inhumano y cruel que, con los años, sólo nos traerá perjuicios y miseria.