ARA SOLIS | O |
04 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.COCO ES, según su dueño, «un perro pedichón» que se pasea entre las mesas del bar de su propietario suplicando a los clientes de confianza que le den algo de sus tapas. Pobre de él como Peón (el dueño) vea al can comiendo lo que no le corresponde. «¡Eres un perro pedichón, no quiero que supliques, te lo tienes que ganar!», le grita su amo en una comedieta que todos los clientes conocemos al dedillo. Coco agacha la cabeza, esconde el rabo y pide perdón aullando lastimeramente. «No llores, perro pedichón, si te ganas la comida, no te reñiré más», le dice Peón en ese diálogo que todos sabemos de memoria. Y entonces, como en una película que se haya visto mil veces, Coco comienza con su espectáculo. Canta. Como lo leen. Coco canta al ritmo que le marca su dueño. Sus temas favoritos son Soy el rey león y Cumpleaños Feliz , aunque a veces también se anima con La bamba . Y sólo después de cantar, puede Coco recibir caricias, mimos y comida, por supuesto, sin que su amo le riña. Ayer me acordé de Coco durante el debate de la última jornada de Aulas da Costa da Morte. No porque fuesen aburridas y se me fuese la cabeza. Por todo lo contrario. Fue una frase del secretario de Estado para las relaciones con las cortes, Francisco Caamaño Domínguez, lo que me hizo pensar en el «perro pedichón». «O peor que nos pode pasar é que acabemos sendo unha sociedade subvencionada», dijo Caamaño, quien abogó por una población activa, emprendedora. Una sociedad que no se limite a lloriquear para que los clientes del bar de Peón le lancen sus sobras. Una sociedad que como Coco, se esfuerce por aprender cosas nuevas y ponerlas en marcha. Una sociedad que sepa vender su producto y que, en este caso como Peón y su can, sepan atraer clientes sin que éstos apenas se den cuenta.