ARA SOLIS | O |

30 oct 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

LA TEORÍA de que la Costa da Morte se vende sola ya no vale. Turísticamente alguien debería darnos un tirón de orejas a ver si vamos espabilando. Tenemos un montón de cosas que enseñar y cientos de lugares a los que se les podría sacar un rendimiento, pero, o no sabemos, o no queremos. Si es por la segunda razón, no habría nada que decir, salvo que basta ya de quejarse entonces. Si es porque no sabemos, aprendamos, que no tenemos ni un pelo de tontos. Durante las últimas vacaciones -dónde quedan ya- disfruté un viaje estupendo y aprendí que hay pueblos en los que de muy poco pueden sacar mucho. En Ushuaia, por ejemplo, la ciudad más austral de mundo venden, precisamente eso, que son la ciudad más austral del mundo. Y no tienen nada más. Es un pueblo como cualquier otro, pero está repleto de turistas. Incluso han sabido sacarle partido a una vieja cárcel ya cerrada en la que, por cierto, estuvieron internos muchos gallegos. El caso es que en esta diminuta ciudad, te lo venden todo. Para entrar en el parque nacional de Tierra del Fuego, por ejemplo, que nada tiene que envidiarle la zona de O Ézaro, hay que pagar, y también hay que hacer lo para dar un paseo en telesilla, que anda que no hay también montes por la Costa da Morte. Lo más llamativo es que en la ciudad hay montones de empresas dedicadas a pasear turistas por el Canal de Beagle. Cobran una pasta -al cambio a los europeos nos sale bastante barato, pero para los argentinos es carísimo- por darte una vuelta en barco y, en el mejor de los casos, enseñarte pingüinos y lobos marinos en alguno de los múltiples islotes de la zona. Digo en el mejor de los casos, porque normalmente el mar presenta unas condiciones pésimas. Pero te cobran igual. Y eres feliz por estar en el fin del mundo. A ver por qué esto no se puede hacer también en Fisterra, por ejemplo.