La enseñanza del «Prestige»

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

EL PRESTIGE enseñó muchas cosas. Una gran parte de sus lecciones fueron de las malas, de las que uno aprende para no repetirlas. Otras, políticamente, fueron buenas. Fue el primer caso en el que una Administración, al menos en Galicia, bajo a la caja fuerte y sacó los cuartos en carretillos y a fume de carozo. Esa enseñanza, que le sirvió entonces a los populares para recuncar en un buen número de municipios embetunados, no cayó en saco roto. Hubo riadas y los hombres de Touriño rompieron de nuevo los candados de los cofres para sacar los cuartos y repartirlos con prodigalidad socialista. Inimitable el guiño de pagarle todo a quien perdió su primera vivienda, pero menos de la mitad si la casa es de veraneo. Los políticos han aprendido, parece. Ya no se trata de amarrar el voto, se trata de que al fin parece que se han dado cuenta de que existen las necesidades inmediatas.