Entrecruces

| S. G. RIAL |

CARBALLO

ESTA PARROQUIA suele salir en los papeles por esas cosas que trascienden a sus límites: la Férveda, el hacha neolítica, el magnífico castro de Ouxes-¿no iban a comprarlo y arreglarlo?-, los cerezos, y algún que otro accidente en la curva. Sin embargo, en la intrahistoria del día a día, en esta parroquia del sur, que también existe, ocurren esas cosas que sólo afectan a unos pocos y que, por tanto, se quedan entre sus muros. Por ejemplo, un modesto parque infantil, el único en once kilómetros cuadrados. Fue retirado el viejo, con buen criterio, en agosto del año pasado. Empezaban las clases y había que evitar riesgos. Pasó un mes, dos, cuatro, ocho, doce. Trece. Parece que ahora llega otro, el material está allí. Las clases ya comenzaron, pero, qué más da. ¿Para qué instalar unos juegos ahora que llueve? Y, no, no hay un simple tejado. Tal vez los tubos del saneamiento, justo al lado.