BERRO SECO
21 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.ESTOS DÍAS de ceniza, en los que aún perdura el calor de los incendios, han servido para poner de relieve algunas cosas. Por una parte el drama de la destrucción sí, pero por por otra parte la tragedia que supone el fin de una relación: la que hubo un día entre el monte y la gente. Todos lloran lo perdido, pero para la inmensa mayoría esos árboles lejanos son sólo una parte del paisaje lejano. Muy pocos conocen los bosques que han perdido. Hay varios motivos para esa lejanía entre árboles y personas cercanas. Por una parte está que el monte no le interesa a nadie: son escasísimos los que sacan dinero de él. No da para vivir y eso es una condena. Por otra, los bosques gallegos se han convertido, en medio siglo, en eucaliptales, y a nadie se le ocurriría salir a pasar el día con la familia entre tales árboles. Son parte de las causas de que ahora se llore por algo por los que ya se había perdido el interés.