ARA SOLIS | O |
18 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.ESTAMOS EN verano, hace calor y, como siempre, empiezan a llegar las cosas típicas: los mosquitos, la cerveza fresquita, la playa y, cómo no, también la plaga de los incendios que cada verano asolan Galicia. Además de los que afectan a estaciones de autobuses, camiones, alpendres y demás instalaciones públicas y privadas están los provocados en nuestros montes. Montes que son fuente de vida, nos dan sombra, son agradables lugares para pasear, mejoran la calidad del aire y evitan que el agua de la lluvia erosione completamente el suelo. Sin embargo, estos días no es difícil ver alguna columna de humo en el horizonte de cualquier pueblo de la Costa da Morte. Cada año por estas fechas se ponen en marcha las campañas para mentalizar a la gente de las graves repercusiones que puede tener un descuido en una acción con fuego de por medio. De hecho, hasta nos quitan puntos del carné de conducir por arrojar colillas por la ventanilla, cosa que, por otra parte, está muy bien. Pero las autoridades a veces parecen no darse cuenta de que prácticamente la totalidad de los incendios no son a consecuencia de descuidos, sino de acciones intencionadas. Claro que, ¿cómo se llega a la conciencia de esas personas si no la tienen? Pirómanos, mentes perturbadas que disfrutan viendo el avance de las llamas y cómo trabajan para sofocarlas las cuadrillas contra los incendios. No hace muchos días pudimos leer en este periódico el testimonio de un pirómano que decía que dejaría de provocar incendios si le dejasen ver uno desde el helicóptero. Otros son incendiarios, mentes sin conciencia que arrasan hectáreas y hectáreas de bosque, muchas veces obligando a las familias de las zonas próximas a tener que abandonar sus casas, con la súplica de que el fuego no los deje sin hogar. Todo ello movidos a saber por qué oscuros intereses económicos. A veces te preguntas quién puede obtener beneficio por la destrucción de grandes masas forestales que nos proporcionan tantas cosas materiales y que tan importantes son desde el punto de vista ecológico. Desafortunadamente, la solución no parece fácil.