Rotondas

FRAN EIRÍS

CARBALLO

ARA SOLIS | O |

04 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

VIVIMOS EN un mundo controlado por la moda. Cada año hay algún color, algún modelo de ropa que se ve por todas partes porque es lo que se lleva. Si no quieres parecer un bicho raro tienes que ponerte lo último. Pero esto no se queda sólo en el ámbito de lo textil. Se extiende a cualquier cosa. Por ejemplo, los ayuntamientos también tienen sus modas en temas de tráfico. La última es la de las rotondas, y hasta parece que existe una competición para ver quién pone más. En Carballo, sin ir más lejos, hasta no hace mucho no teníamos ni la primera, pero ahora se aprovecha cualquier hueco disponible para plantar una. Lo malo es que algunas parece que están puestas de cualquier manera, como la de la calle del Sol. Si vas en dirección a Santiago te encuentras con las líneas amarillas para ceder el paso a los que proceden de la calle Santa Ana, y después aún está la glorieta. La mayoría de los conductores parecen no saber cómo pasarla, así que cada uno lo hace como puede. Hay dos modalidades: los que se paran ante las líneas amarillas, luego siguen y vuelven a parar en la glorieta y los que se detienen primero, esperan a que no pase nadie y luego cruzan todo junto sin tener que volver a detenerse. Lo cierto es que es una rotonda un tanto difícil, y es que, a veces, parece que quienes las proyectan no tienen que circular por ellas. La próxima podría colocarse en el cruce entre la prolongación de la calle Perú y el tramo de la Pontevedra abierto recientemente. Además, siempre son útiles, porque aparte de servir para -supuestamente- mejorar la circulación, pueden tener carácter reivindicativo. Como la que está al final de la calle Vázquez de Parga, cuyo monumento interior sirve además como reclamo del puerto deportivo de Razo. En la próxima se podría poner un Seiscientos y reivindicar la gratuidad de la autopista.