ARA SOLIS | O |
08 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.CADA VEZ me planteo más si a los ayuntamientos les vale la pena poner en marcha determinados servicios. Ya sé que no está bien que paguen justos por pecadores, pero parece que en cuestiones cívicas cada vez hay más gente que necesita una buena confesión. Por ejemplo, ¿dé que sirve que un concello cree un equipo para regular el tráfico en las playas si hay un montón de vecinos que siguen aparcando donde les da la gana? ¿Cuántas multas podrá poner la Policía Local antes de que el pueblo se levante en pie de guerra y el gobierno en cuestión decida hacer la vista gorda para no perder votos? Otro ejemplo parecido: ¿Para qué se va a molestar un ayuntamiento en crear un aparcamiento si nadie lo utiliza porque consideran que está muy lejos? ¿Para qué comprar y preparar una finca si todo el mundo deja su coche en las carreteras secundarias entorpeciendo el tránsito? El tercero y el cuarto: ¿Por qué poner socorristas en las playas si cada vez hay más gente que no les hace ni caso? ¿Para qué instalar rotondas o semáforos, o pintar las calles, si hay muchísimos vecinos que circulan como si viviesen en una ciudad sin ley? Otro más: ¿Qué necesidad hay de crear áreas de recreo si éstas apenas superan la inauguración? Los gamberros las destrozan y, lo que es casi tan preocupante, los usuarios -supuestamente educados- dejan todo lleno de basura y no respetan algunas zonas. Y otro: ¿Por qué gastar parte de presupuesto municipal en un plan de fomento del reciclaje si, al final, casi todo el mundo echa la basura en el mismo contenedor? En serio, ¿de qué sirve crear nuevos servicios si nadie respeta los que hay? Ojalá que sea cierto eso de que la gente es cada vez mejor. Y ojalá sea sólo una cuestión de educación y no algo genético. Si no, estamos perdidos.