ARA SOLIS | O |
30 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.SE ACERCA el verano, con su buen tiempo, las fiestas populares, las bodas¿ Aunque no lo parezca, el San Xoán está a la vuelta de la esquina, y eso por no hablar de muchas otras verbenas populares que a partir de este mes empezarán a caer por doquier. ¿Y quién es el que a estas alturas del año no tiene ya unas cuantas invitaciones de boda en su poder? Pero también llega la hora de ponerse el bikini e ir a tostarse a la playa. Un sinfín de ocasiones para empezar a lucir modelito, y, cómo no, a presumir de tipazo. Será por eso que la gente hace cola en los gimnasios para practicar cualquier actividad física que sirva para quemar calorías y que, a ser posible, en dos semanas te permita perder unos kilitos y entrar en el traje de baño del año pasado. Porque a estas alturas empezamos a lamentarnos de los kilos de más, la inactividad del invierno, el picoteo entre horas, las tapitas, las cervezas... Y es que parece que todavía sigues arrastrando los excesos de las Navidades, de los que no te libras ni con el vía crucis de la Semana Santa. Y, claro, por si fuera poco, los cuerpos danone empiezan a lucirse por la calle, y tú piensas ¡qué injusta es la vida! Los hombres empiezan a mirarse esa tripa en el espejo y deciden que lo mejor será meter barriga, que, total, así casi no se nota, y cuesta menos que hacer abdominales. Pero también hay quien pica con los anuncios de productos milagro para mantenerse en forma sin esfuerzo. Está bien hacer algo de ejercicio para estar saludable, pero tampoco hay que tomárselo tan a pecho, ni excesivamente en serio. ¿Qué más da si tienes unos kilos de más, un poco de barriga o ya no te sirve la ropa del año pasado? ¿Por qué obsesionarse en entrar en esas minúsculas tallas que parecen hechas para niños pequeños? ¿Qué pasa, no hay mundo después de la 38? Vivimos en una sociedad demasiado obsesionada con el físico. ¿No creen?