Touriñán

GABRIEL PÉREZ SUÁREZ

CARBALLO

TRIBUNA ABIERTA | O |

19 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

DECÍA EURÍPIDES que frente a una muchedumbre adiestrada el político mediocre es el más elocuente. Lacordaire escribía que el pueblo es una cera blanda en manos del modelador. Éstas son algunas de las citas que nos enseñan cómo demagogos y populistas conducen al pueblo llano por el camino que más les convenga. No hay que estar muy versado en política para darse cuenta de que el mitin campestre convocado por Alberto Blanco en Touriñán es una maniobra que tiene como fin atraer la voluntad de los presentes hacia el PP. Quien repase las noticias de aquellos días o haya escuchado las encendidas soflamas difundidas en RadioVoz por el enardecido munícipe muxián observará que los vientos que soplaron en el cabo barruntaban que las elecciones municipales están a la vista. Las proféticas declaraciones, rebosantes de tufillo electoralista, hechas por los Albertos no tienen desperdicio. Que el señor Núñez Feijoo diga que la «hiperpiscifactoría» sería la Citroën para la Costa da Morte y que el señor Blanco la compare con el puerto de A Coruña son, además de falacias, una prueba de lo presagiado. Ya es sabido que los políticos que más dañan a la democracia no son los demagogos. De esos, por desgracia, no carecemos en la Costa da Morte. Respecto a la «hiperpiscifactoría» para engorde de rodaballo, no voy a opinar. Creo que deben ser otras las personas y entidades que deben hacerlo. Pero lo que sí quiero subrayar es que la ciudadanía de la Costa da Morte desea, como agua de mayo, que se establezcan industrias en su territorio. Ahora bien, el alcalde de Muxía no es, pese a creérselo, el abanderado ni el monopolizador de tan justificadas demandas. Los políticos que aquí gobiernan, incluso aquellos a los que él demoniza, también se manifiestan involucrados en solucionar el grave problema. No quiero rematar este escrito sin apuntar que aquí nadie debe venir con patente de corso a establecer sus reales. Las empresas que decidan implantar aquí sus negocios pueden hacerlo, pero sin menoscabar nuestro patrimonio natural y realizando un desarrollo sostenible. Nadie pone en duda que tenemos hambre de industrias para que nuestros hijos coman, mas no a cualquier precio. Al alcalde de Muxía, que parece el delegado de Pescanova, le diré que no incida tanto en que la empresa cuenta con todos los permisos -por cierto, expedidos por un Gobierno en funciones-, porque, si mal no recuerdo, las industrias químicas Unión Carbide e Icmesa también poseían permiso para establecerse en Bhopal y Seveso, ciudades que abandonaron después de causar miles de muertos por envenenamiento. Así que no todo el monte el orégano.