«Estoy enganchado al ordenador»

Xosé Vázquez Gago
Xosé V. Gago SANTIAGO

CARBALLO

PACO RODRÍGUEZ

Reportaje | José Lamas Pallas De pequeño no simpatizaba con los curas ni con el rosario

18 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

«Lo primero que vi fue a unos soldados jugando a patadas con una calavera». José Lamas tenía 18 años y fue reclutado para luchar en el frente de Teruel. Seis años más tarde, en 1946, se ordenó sacerdote tras estudiar en San Martín Pinario. La semana pasada se festejó San Juan de Ávila y él fue uno de los cuatro clérigos que celebraron sus bodas de diamante en la Catedral. Sus compañeros eran José Cambón Varela, de Sofán; Emiliano Radio y José Cerviño, obispo emérito de Vigo-Tui, con quien estudió. José Lamas no simpatizaba con los curas de pequeño. Nació en Berdillo, parroquia de Carballo, en el seno de una familia muy religiosa. Rezaban el rosario todos los días. «Me llevé palos porque se me hacía pesado», cuenta. A pesar de ser religiosos, la gente del pueblo «no se podía ni ver», por eso recelaba de la religión. Su padre, un labrador, «se deslomó para que pudiese estudiar». Tras acabar la guerra estudió biología en Valencia, y allí decidió hacerse sacerdote al conocer a un cura, llamado Jesús, que «era ingeniero y sabía muchísimo». Estuvo en América, con la emigración, y después regresó a Galicia. En Carballedo fundó la Casa de la Emigración y en 1954 fue nombrado párroco de San José, en A Coruña, un cargo que todavía ejerce. La casa de Carballedo fue vendida para construir pisos, y teme que ocurra lo mismo con «la iglesia parroquial cuando muera». Ahora se aferra «más fuerte cada vez a la fe en Cristo», porque la vida «es absurda y dura; y porque la materia es muy egoísta». «¿Usted se casaría con una mujer que no le quisiese? No, ¿verdad? -pregunta- pues la vida es igual; tiene que haber algo además de lo material». Lamas aparenta menos edad de la que tiene. «Siempre he sido muy vital y traste; aún tengo ganas de ir en patinete», reconoce. Su secreto es estar activo, porque «si uno se encoge en el sillón se estropea; eso le pasa a los niños de ahora con las maquinitas, aunque también estoy enganchado al ordenador». Suscriptor de La Voz desde que llegó a A Coruña, todas las mañanas mira la prensa por Internet, incluido The Times y periódicos brasileños y argentinos. Reconoce que ahora va menos gente a la iglesia: «En 1988 tenía un catecismo con 800 niños y ahora no llegan a 200». Eso no le hace desfallecer: «Ahora es cuando tengo que volver a empezar desde el principio». En cuanto a los 60 años de castidad, este sacerdote afirma que no ha tenido «muchos problemas, aunque tentaciones sí, como todos». En Valencia comprobó que las chicas «te dejaban si no te emparejabas». «En parte -dice- me hice cura por lo de no casarse; soy muy independiente».