La rigidez de las normas

| EDUARDO EIROA |

CARBALLO

BERRO SECO

15 may 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

LAS LEYES tienen algo que asusta. Esa presencia inexorable, esa inevitabilidad de su aplicación. Será por eso que todos nos ponemos algo nerviosos ante la presencia de un guardia civil, o ante una carta de Hacienda, aunque no hayamos cometido ninguna infracción. Las normas se hacen, en teoría, para mejorar la vida da los ciudadanos, pero a veces su aplicación tiene tintes un tanto surrealistas. Retazos de ese carácter se pueden percibir en la Costa da Morte. Así, por la seguridad del tráfico, se prohibió en su día cruzar el carril contrario para acceder a una gasolinera. La de Cee iba incluida en el paquete. No está prohibido, sin embargo, girar para meterse en otro tipo de negocio. Por eso, todos los coches que antes torcían a la altura de la gasolinera sin ningún peligro, se juegan ahora su cuello y el ajeno para girar, legalmente, más arriba, cerca de una curva con poca visibilidad. Las leyes.